Todos los medios de comunicación han puesto el grito en el
cielo —una vez más—ante los resultados de las pruebas internacionales de
evaluación del desempeño escolar o pruebas PISA de 2025.
Los
datos
En las pruebas 2025 participaron, según El País de España[1], 760.000 estudiantes de 15 y 16 años
de 90 países. Teniendo en cuenta que la Organización de las Naciones Unidas
tiene 192 Estados, significa que menos de la mitad se someten al escarnio
público de las pruebas.
En un informe de la agencia EFE, publicado en Bogotá el 8 de
septiembre pasado por Caracol Radio[2], se dice:
De los más de 13.700 colegios que hay en Colombia, según el Ministerio de Educación, las pruebas PISA fueron realizadas en por 7.268 estudiantes de 266 colegios, que representan a unos 597.500 estudiantes de 15 años, equivalentes a un estimado del 75 % del total de la población de esa edad.
Es decir, las pruebas fueron presentadas por el 1.2% de los
estudiantes y el 1.9% de los colegios. Como los Estados, la mayoría de los
colegios prefieren no someterse al escarnio público.
Entre los 90 países, Colombia ocupa el puesto 58,
manteniéndose en un nivel similar, por lo menos desde 2013, cuando estábamos en
el puesto 61. Seguimos en el umbral del tercio de países con menos éxito
escolar[3].
Pero como nosotros ahora nos medimos en el Club de los ricos,
o sea en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),
nos comparamos con los 44 Estados que la componen. Aquí, en general, en los
tres ítems (matemáticas, ciencias y lectura) ocupamos el puesto 43, sólo
superando a Argentina. En lectura, ocupamos el puesto 41, superando a
Argentina, Bulgaria y Chipre. Y es el área que presenta la mayor caída, no sólo
en Colombia, sino en el conjunto de los países evaluados. La prueba incluye
evaluar información, establecer conexiones sobre múltiples fuentes y pensar
críticamente sobre lo leído.
El informe del diario El Colombiano dice textualmente:
El 71 % de los alumnos no alcanzó el nivel mínimo esperado en Matemáticas y el 55 % tampoco lo hizo en Lectura. […] En general, los estudiantes que alcanzan los niveles superiores en las tres competencias son apenas el 1,1%, mientras que los que no logran llegar a niveles básicos son el 43,9%. […] menos del 1 % de los estudiantes colombianos alcanzó los niveles 5 y 6, que corresponden a los desempeños más altos. En la OCDE, ese porcentaje llega al 8 %.
Específicamente sobre la lectura dice:
En esta competencia, el 55 % de los estudiantes no alcanzó el nivel 2, frente al 31 % registrado en promedio en los países de la OCDE. El dato además muestra un retroceso en una perspectiva de más largo plazo. Con respecto al 2015, aumentó [sic] 12 puntos porcentuales las personas que no llegan al nivel mínimo.
Los estudiantes que alcanzan los niveles más altos también son una minoría: apenas el 1 % llegó al nivel 5, mientras que en promedio en la OCDE lo hizo el 6 %[4].
Ahora bien; según el informe, cada diferencia de 20 puntos
significa un año de aprendizaje, es decir, que la diferencia de 104 puntos en
lectura que hay entre Japón y Colombia significa que hemos perdido 5 años de
aprendizaje, que estamos atrasados 5 años, etc.[5]
¡Todo un ciclo escolar!
Las
reacciones
Ahora bien, ¿los medios se ocupan en serio del asunto? Ante
los resultados empiezan a solicitar opiniones de personas que ellos consideran ‘expertas’
en educación: administradores, empresarios, etc. Estos personajes —que suelen
no saber nada de educación— suelen señalar a dos culpables: al sindicado de
maestros (FECODE) y a los maestros. Es decir, a los maestros y a los maestros.
A los maestros, pues sueñan con poner fin a esta federación de sindicatos, que
históricamente han sido los únicos interlocutores de las medidas atrabiliarias
y retardatarias del Ministerio de Educación Nacional. Y de los maestros, otra
vez, porque dizque no hacen “innovación”. También se semana la falta de conectividad
y de dotación tecnológica.
El caso es que estas personas nunca han sido maestros de
aula, nunca se han desempeñado como profesores en un colegio público —en
barrios marginados o en zonas rurales— durante un año lectivo, que es lo que
constituye el oficio de maestro: la rutina de tener que presentarse todos los
días ante un grupo de niños o jóvenes a tratar de interesarlos en un curso
escolar en un código cultural distinto al de la cultura común y ajeno a la vida
cotidiana.
¿No es eso los que evalúan esas pruebas?: otro código, el
código alfanumérico. Y es la lectura, como actividad cultural compleja, la que
define las posibilidades de acceso y comprensión de los saberes. Pero mientras la
lectura requiere un largo proceso de formación para que pueda ser constituida
en hábito en niñas, niños y adolescentes, el Estado Colombiano ha renunciado
hace rato a proveer textos escolares y libros de gran calado estético y
literario; incluso les prohíbe a las instituciones exigirlos a las familias, en
aras de la “gratuidad”. Esto va contra lo que la investigación ha demostrado
desde hace años en relación con los efectos cognitivos que produce leer y
escribir de manera sostenida y sistemática en las diversas áreas escolares,
accediendo a textos completos, preferiblemente en papel. Al Estado no le interesa
la investigación sino las cifras; sin entender lo procesos educativos, quieren “mejores
resultados” con el mismo presupuesto. Por eso tampoco le importa el uso
de las pantallas: no ha intervenido ni regulado ese aspecto, que claramente obra
en detrimento de la atención, la memoria, la imaginación, la regulación
emocional, la capacidad de enfocarse en una tarea específica y la flexibilidad
cognitiva. ¡Ni siquiera es capaz de bloquear la señal de celular en las
cárceles! El Estado está al servicio de los negocios, no de la formación de los
jóvenes.
Otro tanto sucede con las agencias internacionales encargadas
de orientar las políticas de los Estados. Lejos de enfocarse en la competencia
alfabética o la capacidad de leer y de escribir con suficiencia, claridad y
profundidad, lo que proponen es un énfasis en las siguientes competencias[6]:
1. Comunicación en la lengua materna.
2. Comunicación en lenguas
extranjeras.
3. Competencia matemática y
competencias básicas en ciencia y tecnología.
4. Competencia digital. (¿Electrónica?)
5. Aprender a aprender.
6. Competencias interpersonales,
interculturales y sociales y competencia cívica.
7. Espíritu de empresa.
8. Expresión cultural[7].
Como se ve, no aparecen en ningún lugar las competencias
alfabéticas, justamente en las sociedades donde ha florecido dicha cultura.
Por su parte, la UNESCO expide lo que traduciremos como
“Currículo de alfabetización mediática para el entrenamiento de los profesores
de Educación mediática”. Allí nos dice que “La adaptación a dicho entrenamiento
responderá a las demandas y necesidades… del actual ecosistema mediático”. Para
ello recomienda usar las notables herramientas en línea lanzadas en la década
anterior:
Fuente:
Renés Arellano, Paula; Aguaded
Gómez, José Ignacio; Hernández
Serrano, María José (2021).
Según esta orientación, hay que entrar en el sistema
mediático y la cultura del entretenimiento, pero no en la cultura alfabética y
numérica en que están codificadas las ciencias. O sea, la alfabetización y la
educación promovida por la entidad que debe promover la ciencia y la cultura es
la que responde a la industria mediática y tecnológica y no a la educación
escolar.
Finalmente, el aporte de algunos expertos criollos dice que los
maestros se deben formar en “nuevas tecnologías, educación virtual,
autoaprendizaje e inteligencia artificial”[8]. En esta sociología de la educación
no aparece por ningún lado la alfabetización de los docentes ni la formación en
lectura y escritura. Pero sí aparece la infaltable Inteligencia artificial.
Al respecto, se dice en el informe de El País que:
Los cinco países donde los chavales menos usan la inteligencia artificial para fines escolares (Japón, Irlanda, Reino Unido, Finlandia y Canadá) figuran entre los 10 con mejores resultados en casi todas las competencias que evalúa PISA: matemáticas, lectura y ciencias[9].
En contraste, en Colombia es donde más se usa, pero somos de
los últimos en resultados.
¿Es
posible una explicación pedagógica?
Además de las insuficiencias de las políticas educativas en
esta materia, todo el conjunto de la sociedad, incluyendo a supuestos expertos
en educación, lleva 40 años luchando contra la educación escolar, tratando de
minar sus cimientos bajo la consigna “libertaria” neoliberal de pasar de la
oferta ‘autoritaria y dirigista del Estado’ a la ‘demanda espontánea y libre
del ciudadano’, es decir, del cliente. Así mismo, hemos interiorizado una
suerte de evangelio pedagógico que va contra los aprendizajes que se evalúan justamente
en estas pruebas:
· Contra la enseñanza, se esgrime “el aprendizaje”…
como si las disciplinas se aprendieran espontáneamente;
· Contra el estudio, se esgrime “el
entretenimiento”… como si no se necesitara precisamente lo contrario de la
distracción para los aprendizajes escolares;
· Contra el aula, se esgrime “los
ambientes (‘ecosistemas’) de aprendizaje autónomo”… como si no se necesitaran
espacios precisamente especializados;
· Contra la escritura alfabética y el
sistema numérico arábigo, se esgrime el aprender con la imagen… como si no se
necesitara estudiar y aprender la gramática para leer textos académicos y
literarios;
· Contra los conceptos y los datos, se
esgrime los relatos (Story Telling) como forma de conocer;
· Contra los textos escritos, se esgrime
los videos; y
· Contra el libro de texto, se esgrime
los artefactos electrónicos.
En síntesis: por un lado, estamos desfavoreciendo todas las
condiciones de posibilidad para que el aprendizaje tenga lugar; y, por otro lado,
estamos combatiendo la enseñanza alfabética y matemática y nos sorprendemos de
que no tengamos buenos resultados en lectura y matemáticas. Es como si
estuviéramos enseñando a nuestros estudiantes español, que es lo que ya saben,
para que presenten una prueba de inglés, esperando que obtengan los mismos
resultados que quienes estudian inglés o, peor aún, que los hablantes nativos
de inglés.
El antialfabetismo es el elefante en el aula que no queremos
ver.
[1]
https://elpais.com/educacion/2026-09-08/los-alumnos-espanoles-se-hunden-en-matematicas-y-lectura-en-el-informe-pisa-y-obtienen-el-peor-resultado-de-su-historia.html#?rel=mas
[2]
https://caracol.com.co/vida/educacion/
[3]https://observatoriopedagogicodemedios.blogspot.com/search/label/Lineamientos%20de%20ignorancia
[4] El Colombiano, viernes 11
de septiembre de 2026 https://www.elcolombiano.com/colombia/educacion/pruebas-pisa-colombia-obtuvo-bajo-desempeno-lectura-matematicas-JL40785509
[5] El País, Madrid, citando el
informe de la OCDE y el Ministerio de Educación de España.
[6] Unión Europea (2021). AlfaMed
Curriculum for the Training of Teachers in Media Education (AlfaMed, 2021)
(Citado por Renés et al., 2021).
[7] Renés Arellano, Paula; Aguaded Gómez, José Ignacio; Hernández Serrano, María José (2021). The
Revolutionary Media Education Decade: From the UNESCO to the ALFAMED Curriculum
for Teacher
Training. Repositorio abierto de la
Universidad de Cantabria, p. 13. http://hdl.handle.net/10902/22761, recuperado
2024-10-07
[8] Gómez, Víctor M. Sin formación docente de calidad, educación
en Colombia no será de nivel mundial. UNperiódico, 24 de junio, 2024. En: https://periodico.unal.edu.co/articulos/sin-formacion-docente-de-calidad-educacion-en-colombia-no-sera-de-nivel-mundial. Esta enumeración aparece en la versión radial, emitida el 9 de julio de 2024 (programa
Análisis UNAL).


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