A propósito de la desaparición de obras artísticas en la patria milagro
A todo el que le conciernen los asuntos de la educación y
la cultura, le ha afectado en mayor o menor medida la acción ejecutada por el
gobierno de la patria milagro en el Museo Nacional: la de desaparecer 30
obras que consideran apologías a movimientos políticos o sociales, las
que, en el curso de nuestra historia reciente fueron consideradas centrales,
por algunos investigadores y curadores, para el guion museístico de la sección
denominada Memoria y Nación, la cual retrata el país que somos: un país con un
largo conflicto armado al que se le fueron sumando otras conflictividades
propias de una comunidad política en proceso de transición. Frente al hecho,
hoy, prácticamente no hay un solo medio de comunicación corporativo o
alternativo que no haya dedicado sendas columnas a señalar este despropósito[1].
Por ejemplo, el
editorial de El Espectador del 20 de octubre decide llamar las cosas por su
nombre con el título de su informe: “Museo Nacional: una cultura única es
adoctrinar”[2],
mostrando cómo el gobierno hace justamente lo que está señalando como equívoco,
al considerar que existe una única cultura, la que promueven ellos, como un
único modo legítimo de expresión en términos de saberes, prácticas, documentos
y monumentos. En contraste, el editorial de El Tiempo encuentra una manera de
darle la vuelta a la noticia (ya eran expertos en ello en el gobierno Petro, al
mostrar lo bueno como malo y ahora al revés)[3] y
sostiene en su editorial del 19 de octubre que lo ocurrido con el
Museo Nacional “debe tomarse como una oportunidad para retomar conversaciones
pendientes”, algo así como “aprender de esta crisis”, y no contentos con ello,
avalan la acción[4].
En general, todos los medios coinciden en
señalar que las obras hacen parte de la memoria reciente del país y que, como
tales, deberían ser resguardadas y protegidas; asunto que ya un juez de la
República ordenó[5].
Y, sin embargo, este hecho no es el único
ni el primer episodio en el que se intenta borrar, ignorar, reducir, unificar o
simplemente tergiversar la memoria histórica. Hasta ahora nadie se ha
preguntado ¿qué sucedió con el Museo Nacional de la Memoria? Un museo que debía
erigirse como parte del cumplimiento del artículo 148 de la Ley de Victimas
(Ley 1448 de 2011), en el que se reglamentó la creación del Centro Nacional de
Memoria Histórica y con ella la función específica de “diseñar, crear y
administrar el Museo de la Memoria”. Ley que justamente vendría a subsanar la
ausencia de una política de reconocimiento, indemnización y reparación integral
a todas las víctimas del conflicto, con una fecha de reconocimiento aún
discutible (a partir del 1 de enero de 1985), pero con importantes avances
jurídicos y políticos, aún en medio de la confrontación armada de ese entonces,
pues todavía no se había llegado el Acuerdo de Paz.
Las Ley de Victimas, además de abrir un
importante camino para ese proceso de paz en ciernes, consignó, entre otros,
los derechos de reparación simbólica a las víctimas y el deber de memoria por
parte del Estado, reconociendo la existencia del conflicto armado (la Ley de
Justicia y Paz no lo hizo), y consolidando, de este modo, un proceso de
institucionalización de la memoria en el país que dio paso a sus usos en el
ámbito público, pero ahora, con carácter oficial y nacional, y no como hasta
entonces, que se trataba más de una decisión y gestión política por parte de
las organizaciones de víctimas, y cuyas narrativas, galerías y lugares de
memoria, entre otra prácticas artísticas y sociales, se constituían
principalmente como memorias agonísticas o en lucha contra el relato estatal[6].
Entonces hay que reiterar la pregunta ¿Qué
pasó con el Museo Nacional de la Memoria? El gobierno de Duque le dio la
primera estocada, pues su lema “El futuro es de todos” venía justamente a
agenciar un proyecto contra memoria y un borramiento de lo pasado, incluyendo
el Acuerdo de Paz. Y al igual que el gobierno actual, disminuyó en ese
entonces, de manera drástica, el presupuesto de la Comisión de la Verdad (que
aún estaba vigente), la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (Ubpd) y también el de la Justicia
Especial para la Paz, Jep; tres
instancias que se crearon a partir del Acuerdo de Paz con las Farc firmado el
24 de noviembre de 2016 en el gobierno Santos con el fin de reconocer y
satisfacer los derechos de las víctimas, en materia de verdad plena, justicia,
reparación y no repetición (punto cinco del Acuerdo). Adicionalmente, Duque
nombró en la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica (Cnmh) a Darío Acevedo, un historiador
reconocido por negar la existencia del conflicto armado —muy similar al hoy
designado por De Laprieslla—, y quien al llegar a la institución lo primero que
hizo fue frenar la producción investigativa y la relación directa del Centro
con las víctimas, bajo el argumento de que era necesario “completar” las
memorias y ganar en “objetividad”.
Al tenor de estas nuevas políticas de
memoria, el nuevo director del Cnmh
intervino las narrativas mediante las cuales se hacía una muestra itinerante,
por varias ciudades del país, titulada Voces para transformar a Colombia,
que integraba en una misma exposición diversas narrativas a través de lenguajes
artísticos (fotografía, cine, música, teatro) y se exponía también como prueba
piloto de lo que sería proyectado finalmente en el Guion del Museo Nacional de
la Memoria Histórica.
Finalmente, Darío Acevedo decidió cambiar
los lineamientos conceptuales del guion del futuro Museo, guion que había sido
construido en consenso con las organizaciones de las víctimas sobre la base de
tres alegorías: —cuerpo, tierra y agua–; y manifestó, en ese entonces, a
manera de burla, su descontento en relación con estas metáforas que las
víctimas habían considerado apropiadas para dar cuenta de su experiencia en la
guerra y de lugares de emplazamiento, que convocan una concepción del paisaje
de la memoria, vinculada con el territorio y los ciclos de vida y muerte de la
naturaleza y de los seres humanos, precisamente: el cuerpo, la tierra, los
ríos. Además de esto, y de acuerdo con una nota de El Espectador de ese
entonces, el nuevo guion contenía “una
exclusión llamativa de los paramilitares en la historia”[7]
del conflicto armado.
Sin embargo, hubo otro hecho que pasó
inadvertido y es que para el proyecto de construcción del Museo, Acevedo nombró
en la dirección a un museólogo de las fuerzas de seguridad del estado (del
Museo de la Policía Nacional y Museo Militar), quien además empezó a titular
este proyecto ya no como Museo Nacional de la Memoria sino como Museo de
Memoria; así, sin más, eliminando el artículo gramatical determinado “la”, que
permitía precisamente definir de qué se trataba este museo: de honrar la
memoria de todas las víctimas del conflicto armado, sin excluir a
ninguna; víctimas que se cuentan por doquier, pues tal y como lo han señalado
varios historiadores, la guerra que se ha librado en el país ha sido,
principalmente, contra la sociedad civil.
La pretensión, entonces como ahora, era la
de consolidar un guion que hiciera énfasis en la exaltación de la memoria
heroica de las fuerzas militares desde el principio de los tiempos, obliterando
los hechos que las vinculan con el terrorismo de estado y otros crímenes
cometidos como los ignominiosos falsos positivos.
Y hasta aquí podemos narrar lo sucedido,
puesto que, en los cuatro años del Gobierno Petro, la memoria no fue un
tema a considerarse de manera decisiva, y, además, las bases arquitectónicas
del Museo de la Memoria situadas en la avenida de Las Américas, no sólo
quedaron en total abandono, sino que parecen ser ya una historia inconclusa y
perdida[8].
[1] Sobre el retiro de
piezas del Museo Nacional de Colombia La Silla Vacía publicó: Gobierno ordenó
desmontar más de 30 obras del Museo Nacional (https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/gobierno-ordeno-desmontar-mas-de-30-obras-del-museo-nacional/
Las
Igualadas, medio alternativo feminista titularon: “Gobierno retira piezas sobre
feminismo, diversidad y paz del Museo Nacional» https://www.facebook.com/share/p/18S6bdyiA7/
[3] De gran recordación es la imagen de una mujer con expresión preocupada contrariando
un buen anuncio del Gobierno Petro, y condicionando de entrada la lectura
emocional del contenido: “Desempleo en Colombia se redujo: la tasa más baja
desde septiembre de 2001” nota que circuló el 31 octubre de 2025.
[4] “Que algunas de
ellas (obras) hubieran sido incorporadas mediante procesos curatoriales
adelantados durante distintos gobiernos, y no por una militancia política
particular, no significa necesariamente que su inclusión estuviera exenta de
cuestionamientos”. https://www.eltiempo.com/opinion/editorial/el-museo-como-lugar-de-encuentro-3594771
Esto quizás en respuesta a las
explicaciones dadas por la exministra de cultura del gobierno Santos, Mariana
Garcés (2010-2015), quien amplió el contexto de renovación de esta propuesta
museográfica que fue acompañada de prestigiosos historiadores, curadores y
artistas, proceso que, de acuerdo con la entrevista, continuó Daniel Castro
(2015-2021) en el gobierno de Duque. Ver nota en Caracol Televisión: https://www.facebook.com/share/v/1EpgZCDoAo/
[5]https://elpais.com/america-colombia/2026-10-19/un-juez-de-bogota-ordena-al-ministerio-de-cultura-no-retirar-mas-obras-del-museo-nacional.html
[6] Véase al respecto el trabajo de Oscar Fernando Acevedo
(2011), en el que hace un análisis y una propuesta conceptual de las diferentes
posiciones de las memorias de las víctimas en el proceso transicional y entre
las que destaca: las memorias agonistas, las memorias subalternas, las
memorias reservadas.
