sábado, 24 de octubre de 2026

¿Qué sucedió con El Museo de la Memoria?

 

A propósito de la desaparición de obras artísticas en la patria milagro 

A todo el que le conciernen los asuntos de la educación y la cultura, le ha afectado en mayor o menor medida la acción ejecutada por el gobierno de la patria milagro en el Museo Nacional: la de desaparecer 30 obras que consideran apologías a movimientos políticos o sociales, las que, en el curso de nuestra historia reciente fueron consideradas centrales, por algunos investigadores y curadores, para el guion museístico de la sección denominada Memoria y Nación, la cual retrata el país que somos: un país con un largo conflicto armado al que se le fueron sumando otras conflictividades propias de una comunidad política en proceso de transición. Frente al hecho, hoy, prácticamente no hay un solo medio de comunicación corporativo o alternativo que no haya dedicado sendas columnas a señalar este despropósito[1].

Por ejemplo, el editorial de El Espectador del 20 de octubre decide llamar las cosas por su nombre con el título de su informe: “Museo Nacional: una cultura única es adoctrinar”[2], mostrando cómo el gobierno hace justamente lo que está señalando como equívoco, al considerar que existe una única cultura, la que promueven ellos, como un único modo legítimo de expresión en términos de saberes, prácticas, documentos y monumentos. En contraste, el editorial de El Tiempo encuentra una manera de darle la vuelta a la noticia (ya eran expertos en ello en el gobierno Petro, al mostrar lo bueno como malo y ahora al revés)[3] y sostiene en su editorial del 19 de octubre que lo ocurrido con el Museo Nacional “debe tomarse como una oportunidad para retomar conversaciones pendientes”, algo así como “aprender de esta crisis”, y no contentos con ello, avalan la acción[4].

En general, todos los medios coinciden en señalar que las obras hacen parte de la memoria reciente del país y que, como tales, deberían ser resguardadas y protegidas; asunto que ya un juez de la República ordenó[5].

Y, sin embargo, este hecho no es el único ni el primer episodio en el que se intenta borrar, ignorar, reducir, unificar o simplemente tergiversar la memoria histórica. Hasta ahora nadie se ha preguntado ¿qué sucedió con el Museo Nacional de la Memoria? Un museo que debía erigirse como parte del cumplimiento del artículo 148 de la Ley de Victimas (Ley 1448 de 2011), en el que se reglamentó la creación del Centro Nacional de Memoria Histórica y con ella la función específica de “diseñar, crear y administrar el Museo de la Memoria”. Ley que justamente vendría a subsanar la ausencia de una política de reconocimiento, indemnización y reparación integral a todas las víctimas del conflicto, con una fecha de reconocimiento aún discutible (a partir del 1 de enero de 1985), pero con importantes avances jurídicos y políticos, aún en medio de la confrontación armada de ese entonces, pues todavía no se había llegado el Acuerdo de Paz.

Las Ley de Victimas, además de abrir un importante camino para ese proceso de paz en ciernes, consignó, entre otros, los derechos de reparación simbólica a las víctimas y el deber de memoria por parte del Estado, reconociendo la existencia del conflicto armado (la Ley de Justicia y Paz no lo hizo), y consolidando, de este modo, un proceso de institucionalización de la memoria en el país que dio paso a sus usos en el ámbito público, pero ahora, con carácter oficial y nacional, y no como hasta entonces, que se trataba más de una decisión y gestión política por parte de las organizaciones de víctimas, y cuyas narrativas, galerías y lugares de memoria, entre otra prácticas artísticas y sociales, se constituían principalmente como memorias agonísticas o en lucha contra el relato estatal[6].



Entonces hay que reiterar la pregunta ¿Qué pasó con el Museo Nacional de la Memoria? El gobierno de Duque le dio la primera estocada, pues su lema “El futuro es de todos” venía justamente a agenciar un proyecto contra memoria y un borramiento de lo pasado, incluyendo el Acuerdo de Paz. Y al igual que el gobierno actual, disminuyó en ese entonces, de manera drástica, el presupuesto de la Comisión de la Verdad (que aún estaba vigente), la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (Ubpd) y también el de la Justicia Especial para la Paz, Jep; tres instancias que se crearon a partir del Acuerdo de Paz con las Farc firmado el 24 de noviembre de 2016 en el gobierno Santos con el fin de reconocer y satisfacer los derechos de las víctimas, en materia de verdad plena, justicia, reparación y no repetición (punto cinco del Acuerdo). Adicionalmente, Duque nombró en la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica (Cnmh) a Darío Acevedo, un historiador reconocido por negar la existencia del conflicto armado —muy similar al hoy designado por De Laprieslla—, y quien al llegar a la institución lo primero que hizo fue frenar la producción investigativa y la relación directa del Centro con las víctimas, bajo el argumento de que era necesario “completar” las memorias y ganar en “objetividad”.

Al tenor de estas nuevas políticas de memoria, el nuevo director del Cnmh intervino las narrativas mediante las cuales se hacía una muestra itinerante, por varias ciudades del país, titulada Voces para transformar a Colombia, que integraba en una misma exposición diversas narrativas a través de lenguajes artísticos (fotografía, cine, música, teatro) y se exponía también como prueba piloto de lo que sería proyectado finalmente en el Guion del Museo Nacional de la Memoria Histórica.

Finalmente, Darío Acevedo decidió cambiar los lineamientos conceptuales del guion del futuro Museo, guion que había sido construido en consenso con las organizaciones de las víctimas sobre la base de tres alegorías: —cuerpo, tierra y agua–; y manifestó, en ese entonces, a manera de burla, su descontento en relación con estas metáforas que las víctimas habían considerado apropiadas para dar cuenta de su experiencia en la guerra y de lugares de emplazamiento, que convocan una concepción del paisaje de la memoria, vinculada con el territorio y los ciclos de vida y muerte de la naturaleza y de los seres humanos, precisamente: el cuerpo, la tierra, los ríos. Además de esto, y de acuerdo con una nota de El Espectador de ese entonces, el nuevo guion contenía “una exclusión llamativa de los paramilitares en la historia”[7] del conflicto armado.

Sin embargo, hubo otro hecho que pasó inadvertido y es que para el proyecto de construcción del Museo, Acevedo nombró en la dirección a un museólogo de las fuerzas de seguridad del estado (del Museo de la Policía Nacional y Museo Militar), quien además empezó a titular este proyecto ya no como Museo Nacional de la Memoria sino como Museo de Memoria; así, sin más, eliminando el artículo gramatical determinado “la”, que permitía precisamente definir de qué se trataba este museo: de honrar la memoria de todas las víctimas del conflicto armado, sin excluir a ninguna; víctimas que se cuentan por doquier, pues tal y como lo han señalado varios historiadores, la guerra que se ha librado en el país ha sido, principalmente, contra la sociedad civil.

La pretensión, entonces como ahora, era la de consolidar un guion que hiciera énfasis en la exaltación de la memoria heroica de las fuerzas militares desde el principio de los tiempos, obliterando los hechos que las vinculan con el terrorismo de estado y otros crímenes cometidos como los ignominiosos falsos positivos.

Y hasta aquí podemos narrar lo sucedido, puesto que, en los cuatro años del Gobierno Petro, la memoria no fue un tema a considerarse de manera decisiva, y, además, las bases arquitectónicas del Museo de la Memoria situadas en la avenida de Las Américas, no sólo quedaron en total abandono, sino que parecen ser ya una historia inconclusa y perdida[8].



[1] Sobre el retiro de piezas del Museo Nacional de Colombia La Silla Vacía publicó: Gobierno ordenó desmontar más de 30 obras del Museo Nacional (https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/gobierno-ordeno-desmontar-mas-de-30-obras-del-museo-nacional/

Las Igualadas, medio alternativo feminista titularon: “Gobierno retira piezas sobre feminismo, diversidad y paz del Museo Nacional» https://www.facebook.com/share/p/18S6bdyiA7/

[3] De gran recordación es la imagen de una mujer con expresión preocupada contrariando un buen anuncio del Gobierno Petro, y condicionando de entrada la lectura emocional del contenido: “Desempleo en Colombia se redujo: la tasa más baja desde septiembre de 2001” nota que circuló el 31 octubre de 2025.

[4] “Que algunas de ellas (obras) hubieran sido incorporadas mediante procesos curatoriales adelantados durante distintos gobiernos, y no por una militancia política particular, no significa necesariamente que su inclusión estuviera exenta de cuestionamientos”. https://www.eltiempo.com/opinion/editorial/el-museo-como-lugar-de-encuentro-3594771

 Esto quizás en respuesta a las explicaciones dadas por la exministra de cultura del gobierno Santos, Mariana Garcés (2010-2015), quien amplió el contexto de renovación de esta propuesta museográfica que fue acompañada de prestigiosos historiadores, curadores y artistas, proceso que, de acuerdo con la entrevista, continuó Daniel Castro (2015-2021) en el gobierno de Duque. Ver nota en Caracol Televisión: https://www.facebook.com/share/v/1EpgZCDoAo/

[6] Véase al respecto el trabajo de Oscar Fernando Acevedo (2011), en el que hace un análisis y una propuesta conceptual de las diferentes posiciones de las memorias de las víctimas en el proceso transicional y entre las que destaca: las memorias agonistas, las memorias subalternas, las memorias reservadas.