sábado, 6 de junio de 2026

¿Es mejor entrenar IAs que educar a un ser humano?

 

La Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en Educación:

¿Conformar-nos, capitular o radicalizar la misión pedagógica?

 

"No hay documento de cultura que no lo sea al tiempo de barbarie"

Walter Benjamin

 

En una reciente entrevista que le hacen a Sam Altam, CEO de Open IA, la empresa tecnológica de Elon Musk[1],  le preguntan sobre el gasto energético que tiene para el planeta el sólo entrenamiento de una IAG, sin contar los desmesurados usos que hacemos hoy de ella, frente a lo cual responde: “Me parece injusta la comparación que se hace si se tiene en cuenta lo que implica formar a un ser humano que dé respuestas plausibles, lo que toma aproximadamente —dice— 20 años de vida y toda la comida y recursos que consume en ese tiempo hasta que logre alcanzar un nivel de inteligencia comparable”. Sugiere, entonces, Alman, que invirtamos la pregunta, para, en consecuencia, ver lo que, según él, es más que evidente: es mejor entrenar IAs que educar a un ser humano.

No es necesario hacer una lectura entrelíneas de hacia dónde van este tipo de empresas, pues ellos mismos lo dan a conocer sin sonrojarse: no se trata de altruismo, tampoco de liberar el tiempo de los seres humanos para poder delegar tareas técnicas y así poder dedicarnos al cultivo del espíritu y las artes, como se entendió o se quiso asumir la supuesta promesa de estas tecnologías. De lo que se trata, abiertamente, es de un reemplazo, de lograr sacar a las personas de la ecuación y seguir obteniendo las mayores ganancias. Sin embargo, lo más llamativo o preocupante no es esta verdad de a puño, sino el hecho de que estos monopolios hayan logrado moldear o instalar en la vida social la idea de que las IAs son necesarias, fundamentales e ineludibles, lo que se ha traducido, para el contexto educativo que nos atañe, en una forma de autoexigencia o auto imposición de parte de las instituciones de educación (en los distintos niveles) en aras de situarse a la “vanguardia tecnológica”.

Basta estar unos minutos en las redes o estar adscrito a determinadas listas institucionales para recibir todo tipo de ofertas en las que prometen enseñar a usar eficazmente la IAG en la enseñanza y la investigación; claro, advirtiendo siempre que dicha asunción va acompañada de principios o manuales de uso ético. Pero ¿es posible esto, hacer un uso ético de la IA? A menudo se piensa que el riesgo principal que presenta esta tecnología es la afectación en el mercado laboral que resulta del proceso de automatización que elimina miles de empleos, otrora oficios y profesiones desempeñados por humanos, sin ofrecer(les), además, ninguna alternativa; y aunque este es un riesgo ya observable, el asunto de fondo es que estos sistemas computacionales vinculados a las IA son sustentados por la explotación de seres humanos e ingentes recursos naturales tal y como lo ilustra  Kate Crawford en su libro “Atlas de la IA: Poder, política y costos planetarios(2021)[2].

De acuerdo con Crawford, los costos de esta cadena de explotación se reflejan en todas las etapas del proceso de desarrollo de la IA, desde el sector minero, donde se extraen y transportan recursos para crear la infraestructura central de estos sistemas, hasta el lado del software, para el que se distribuyen diversas tareas, entre otras, la de los “trabajadores” de entrenamiento de datos, que reciben una ínfima retribución y no cuentan con ningún tipo de condiciones laborales; adicional a ello está el costo hídrico y el crecimiento exponencial de la huella de carbono[3].

La devastación no puede ser peor y se suma al panorama poco prometedor para el futuro de nuestra especie ad-portas de una catástrofe climática, que ya estamos experimentando. Pensaría uno que este paisaje de la naturaleza antiética de la IA sería suficiente para darle la espalda, no sólo por la estela de víctimas que deja a su paso, sino por riesgo mismo que conduce al agotamiento de los recursos que mantienen la vida en el planeta. Sin embargo, los desmesurados usos de la IA que no cesarán por estos llamados al cuidado de sí, del otro y del medio ambiente nos lleva a adentrarnos en las cuestiones que atañen a su incidencia en la educación.

Por supuesto, en un contexto escolar y académico marcado por la exigencia de demostrar la “calidad de los procesos y su gestión” tal como se haría en una empresa —modelo que ya está instalado hace décadas—, esta tecnología, que realiza muchas de esas tareas en tiempo récord, se torna más que útil.  El problema aparece cuando se traslada a los procesos propiamente escolares, pedagógicos e investigativos.

La IA, la docencia y la investigación

En el ejercicio de la profesión docente, la IA provee textos, videos, planificaciones de clase, diseño de materiales y rejillas de evaluación, entre otros, lo que hace pensar a muchos en el riesgo de relevo de los profesores o en el vaciamiento de los procesos de desarrollo curricular y de la evaluación de los aprendizajes. Sin embargo, para la Pedagogía, la automatización de tales procesos siempre ha sido insuficiente para reemplazar a un maestro, pues lo que se juega en una situación educativa más allá de la planeación, el diseño paso a paso y la delimitación de los recursos o medios (otrora entregados por el diseño instruccional en el modelo de Tecnología educativa) es el encuentro con los otros. El encuentro, siempre incalculable, con un grupo de estudiantes en ese espacio/tiempo de la clase que, como bien nos lo recuerda el pedagogo Phillipe Meirieu, nos exige siempre una inventiva formada, esto es, la capacidad de responder y decidir, de manera situada y acertada (o lo más acertada posible) a aquello que emerge en el aula, de manera contingente, a propósito del estudio de una porción del mundo.

Esta capacidad lúcida, lúdica y creativa no se consigue dominando algoritmos, sino estudiando a los que han lidiado con toda suerte de problemas de orden pedagógico, allí en la clase, en la escuela. Los que han teorizado, pero también, han logrado sortear ellos mismos tales contingencias y dificultades creando así doctrinas (cuando se trata del canon en la Pedagogía) o propuestas pedagógicas cuando se trata de maestras o grupos y redes de maestros que sistematizan sus prácticas y las dan a conocer).

Ahora bien, en el contexto académico e investigativo la IA, como ya se sabe, apoya la búsqueda de bibliografía, enumera, sistematiza y compara conceptos o incluso enfoques, revisa la consistencia de un argumento; puede, además de eso, sugerir rutas metodológicas o visualizar relaciones en los datos arrojados por una investigación, entre otras ayudas. Bien utilizada, se corea en las redes, logra optimizar el trabajo del investigador, pero usada como “coartada intelectual” conduce a la sustitución de su juicio profesional. Sin embargo, ese no es el principal problema, pues los llamados “to cut cornes” en inglés, es decir, los que toman atajos, lo harán siempre, lo han hecho ya.

No obstante, se puede automatizar una pregunta de investigación, simular la construcción de un marco teórico o de un estado del arte, incluso, delegar el proceso analítico, pero la IA no puede responder por lo que afirma, escribe, concluye. Ella carece de imputabilidad y quien responde ante los otros es el sujeto implicado.  Y aquí viene una contradicción elemental, pues, si es sujeto, es responsable de sí, ha alcanzado la mayoría de edad, esto es, la capacidad de juicio y razón propia, por lo tanto, no cabría la duda de que es autor de lo que escribe…



Por otra parte, la formación en investigación supone la construcción de preguntas debidamente situadas, esto es, en un marco discursivo, conceptual y epistémico que propicia su emergencia, y de otro, el desarrollo de los rudimentos mismos del pensamiento analítico, lo cual se logra a partir del trabajo directo con las fuentes de estudio, leyendo, resumiendo, construyendo fichas analíticas, tomando apuntes o escribiendo esos “insigths” o ideas claves que emergen en cualquier momento cuando se está rumiando un problema. Todo esto implica tiempo, habitar el objeto en cuestión y el grado de incertidumbre que supone recorrerlo desde cierta perspectiva o mirada construida y en ese recorrer el camino de resolución o no del problema es que se construye un método, una forma de pensar, como lo enseñó Descartes en el siglo VXII.

En ese orden de ideas, las IA, cuyos modelos de lenguaje producen textos en serie que ya son fácilmente reconocibles, pueden recombinar mil formas de entender unos resultados, pero no pueden proponer una nueva hipótesis de sentido, esto último aún es propio de los humanos. Las IAs pueden escribir una disertación, pero no pueden asumir la responsabilidad de lo que allí se expresa. La IAs puede repetir un aparato crítico con solvencia, pero no puede hacer vigilancia epistémica, lo que si le compete al investigador en formación y a sus tutores: reconocer los sesgos y los propios los límites.

Cuando las respuestas plausibles se vuelven triviales de producir, nos dice Schenll, “lo que está en juego ya no es proteger los trabajos, sino formar y poner a prueba el juicio” [4]. Es decir, no basta con que un artefacto pueda producir y concatenar varios enunciados sobre un objeto, de manera coherente como lo hace una IA; es necesario que un sujeto pueda dar cuenta de que ese “entregable” ha sido probado o pasado por el tamiz de la razón. Es el sujeto el que puede sopesar los argumentos y enunciar o defender determinada perspectiva sobre los objetos del de mundo en cuestión.

Si la IA, como sostiene Schenll no solo abre un nuevo capítulo en el fraude académico, sino que desestabiliza el régimen de prueba en el que la universidad se ha basado durante mucho tiempo, esto es, en los productos terminados: reseña, ensayo, informe, proyecto, tesis, etc, el escenario que se abre es el de acrecentar, de nuevo, los espacios de tutoría o de clases (no abarrotadas de alumnos) en las que se pueda no sólo leer y escribir en presencia, junto con otros, sino también escuchar y preguntar acerca de lo que se lee y se escribe, en tanto la prueba intelectual de que hay un sujeto discursivo respondiente de su palabra es justamente, como nos lo enseñó Bajtín, que este puede responder por su palabra y la palabra de los otros en el ese doble sentido: de responder como réplica y de responder como responsabilidad.

Las salidas

Salida 1. Reglamentación, detección, vigilancia. Crear manuales de uso ético, adquirir programas de detección de IAG, crear rejillas para manifestar el porcentaje de uso de  IAG: es un camino probable, pero imposible, no solo por el agotamiento que conlleva en términos prácticos para cada profesor, sino también porque es ineficiente, en tanto estos modelos de lenguaje día por día se mejoran y se actualizan.

Salida 2. La prohibición, es imposible, ya está en uso en el conjunto del estudiantado de pregrado de la UPN (Ver resultado de investigación del proyecto Raíces y Alas) y seguramente en los estudiantes de posgrado.

Salida 3. La capitulación en forma de adaptación en la que están casi todas las universidades: que se aprenda y se enseñe a redactar buenas instrucciones (prompt) y a utilizar las herramientas con la mayor rapidez. El resultado de este conformismo, es decir, de adquirir la forma de esta tecnología es que estaríamos en las antípodas de la educación, que se trata justo de ampliar y comprender con hondura el mundo (social, físico, cultural) que habitamos al tiempo que ensanchamos el mundo propio de nuestros estudiantes.

Si la IAG viene a garantizar la producción de textos en serie, con suficiente fluidez y sustento, lo que le queda a una universidad formadora de maestros es la tarea de volver a enunciar y a trabajar con más fuerza la misión que le compete, radicalizarla:

Formar el pensamiento y el juicio, enseñar a sopesar las ideas, a revisar su grado de validez, enseñar a articular la palabra propia (que siempre es dialógica) y a responder públicamente por la palabra.  Y para ello necesitamos volver a enseñar y aprender los rudimentos del trabajo intelectual: leer en clase, escribir en presencia, conversar acerca de las comprensiones y apropiaciones de lo leído (para distinguir entre una idea producida como información frente a una idea comprendida y apropiada), volver a las fuentes institucionalizadas de los campos teóricos de saber, es decir, a los libros y a los artículos académicos.

Volver o recrear Una pedagogía de la lectura, que implique una contextualización de los textos propuestos y el propósito que nos guía (no es lo mismo leer para construir conceptos, que para revisar la lógica argumentativa y discursiva de un artículo académico o para aprender a hacer un estado del arte) diseñando consignas claras o  mapas de lectura para no dejarlas a la deriva, moderar la cantidad de textos y obras, haciendo una selección explícita en la bibliografía en la cual quede claro cuáles son las lecturas de fundamentación y cuáles las complementarias; enseñar la aplicación de técnicas básicas como el subrayado, la glosa y/o resumen (para jerarquizar la información más relevante de la irrelevante) o la toma de apuntes, diferenciar una bibliografía con fuentes primarias de las fuentes secundarias mostrando el valor de cada una, explicar y mostrar la importancia de las citas textuales y contextuales en el marco de una argumentación, leer in situ, leer con otros, leer en clase, leer en voz alta, etc.

Así también implementar una pedagogía de la escritura que hace visible el trabajo de planeación, revisión, edición de los textos y no solo el producto final.  Que enseñe los rudimentos propios del trabajo de escritura, tales como la elaboración de borradores o primeras versiones, etc.

Recordar con Freire, pero sobre todo con Bajtín, que formamos a un sujeto que profesa su palabra, su saber, formamos en estricto sentido a un sujeto discursivo, esto es, un sujeto respondiente porque todo discurso es dialógico, se construye con voces ajenas.

Porque si se acoge la IA como algo bueno per se, es porque seguimos promoviendo un sistema educativo que premia resultados y no procesos. Y son los procesos los que verdaderamente educan, saltárselos es abrazar la idea de que hay que producir al ritmo desenfrenado que demanda el capital, lo cual significaría, ni más ni menos, renunciar a nuestra tarea formadora para adaptarnos al engranaje tecnológico. Volver a resignificar la idea de que estudiar tome y toma tiempo, de que quizás no hay otra actividad que lo requiera tanto y lo amerite, pues ¿para qué queremos ahorrarnos el tiempo del estudio? El amor es para los que aman el trabajo, dice el poema.

Para un estudiante que usó IA para escribir un ensayo

Ahora dejo que caiga de nuevo

entre la hierba.

Te escucho. Sé

que esta vida es dura ahora.

Sé que tus días son preciosos

en esta tierra.

Pero ¿de qué estas tratando de

liberarte?

¿De vivir? ¿De la milagrosa

tarea que supone?

Amar es para quienes aman el trabajo.

 

Joseph Fasano 


Así que antes que un manual de uso de IA, necesitamos un manifiesto por la lectura, la escritura y la disertación oral que ponga de nuevo en el centro de la discusión la misión específica de la Universidad, y especialmente, la de una Universidad que forma maestros y maestras.

https://www.unesco.org/es/articles/mas-alla-del-bucle-recuperar-la-pedagogia-en-la-era-de-la-ia

https://vientosur.info/philippe-meirieu-dejemos-de-idolatrar-lo-digital/

https://www.youtube.com/watch?v=yn5gVKHkRTg

https://www.educacionfutura.org/la-pregunta-equivocada-sobre-la-inteligencia-artificial-en-educacion/ 



[1] En el marco de la Cumbre de impacto de la IA celebrada en India en febrero de 2026. https://www.youtube.com/live/qH7thwrCluM

[2] Kate Crawford (2021) en su libro ‘Atlas of AI: Poder, política y costos planetarios’.

[3] Una reciente investigación del Instituto de Estudios Ambientales en Ámsterdam estima que “La huella de carbono de los sistemas de IA por sí sola podría estar entre 32,6 y 79,7 millones de toneladas de emisiones de CO₂ en 2025, mientras que la huella hídrica podría alcanzar entre 312.500 y 764.600 millones de litros. Para poner esto en perspectiva, se encuentra en el mismo rango que la huella de carbono de la ciudad de Nueva York (52,2 millones de toneladas de emisiones de CO₂ en 2023²⁷ ).  De manera similar, la huella hídrica de los sistemas de IA podría estar en el mismo rango que el consumo anual mundial total de agua embotellada (446.000 millones de litros²⁸ ). Tareas tan sencillas como responder una pregunta con un texto de respuesta de 100 palabras consume alrededor de 5.19 mililitros de agua y en términos de energía el consumo promedio de esas mismas 100 palabras es de 0,14 kilovatios por hora, suficiente para alimentar 14 bombillas LED durante una hora, multipliquemos eso por los millones de usuarios que minuto a minuto preguntan de manera innecesaria cualquier cosa a la IAG. Adicional a ello están los “creadores profesionales de bazofia”, esto es, todo tipo de textos (libros de autores y temas inexistentes) y mensajes visuales o audiovisuales que están convirtiendo la internet en un monumental botadero de basura, lo que antaño fuera una gran biblioteca abierta y accesible para casi todos. Sobre esto último se puede ver el documental de la DW ¿Supondrá la IA la muerte de internet? https://www.youtube.com/watch?v=Oz8uozS8LIQ

 

miércoles, 20 de mayo de 2026

La I A no es fuerza de trabajo sino medio de producción

Ante el desconcierto causado por el enorme salto cuantitativo y cualitativo de la tecnología en los últimos años, la corriente principal de las ciencias humanas actuales sostiene, más o menos, que la tecnología ha cambiado nuestra condición antropológica y que, exagerando nuestra interpretación, hemos pasado de ser la especie homo sapiens sapiens a ser el homo sapiens tecnologicus o algo parecido. 

La técnica, o sea la capacidad de construir instrumentos de trabajo, es una condición antropológica o, como diría Chomsky, una facultad propia de la especie, una competencia, como el lenguaje, que se activa en el individuo de la especie por el solo hecho de estar en la sociedad. En tal caso, la humanidad ha desplegado capacidades técnicas durante sus 100 mil años aproximadamente de existencia, al mismo tiempo que ha desplegado el hablar. 

Dicha capacidad técnica, entendida como “conocimiento subjetivo procedimental con fines instrumentales”[i], que es antropológica, es equivalente al trabajo, el cual, en términos de Marx, es la capacidad de producir instrumentos de trabajo. Por virtud de la capacidad técnica, la humanidad siempre ha producido Tecnología, entendida como “conocimientos instrumentales objetivados en un artefacto”[ii]. 

La confusión actual cuando se habla de Inteligencia Artificial radica en que nos dejamos guiar para la discusión por la explicación positivista de la historia, basada en la tecnología predominante como motor de la historia, la cual presenta la tecnología como neutral, en vez de explicar la historia según la clase dominante, como lo hace el materialismo histórico y, por consiguiente, introduciendo la lucha de clases como fuerza dinámica. En consecuencia, hablamos del neolítico, la edad de hierro, la era digital, etc., en vez de ocuparnos del capitalismo o el esclavismo. 

Ahora bien, los cambios tecnológicos han sido una constante en la llamada civilización occidental, pero estos cambios no se hacen para favorecer a los dominados y a los explotados sino a los poderosos. Estos son los que tienen la capacidad de imponer una tecnología en la sociedad dependiendo de sus intereses. Ninguna tecnología es liberadora, sino que, al contrario, toda tecnología nueva favorece el poder de quienes tienen el poder o la propiedad sobre aquella[1]. 

En el capitalismo se han producido los avances tecnológicos más visibles y disruptivos de la historia. Estas tecnologías tienen que ver con el aumento incomparable de la producción material y también del conocimiento, es decir, son producto de una tradición técnica y lógica que llamamos ciencia y que no es la del saber popular. Por eso mismo, la manera como las personas se relacionan con sus productos varía según características de la cultura popular, produciendo algunas concepciones como las siguientes, sin pretensiones exhaustivas ni de prioridad: 

La primera es la concepción que podríamos llamar Mítica, que la ve como Dios (Demiurgo), como ser sobrenatural o como producida por un ser sobre natural. Es la condición de todo pensamiento humano originario, la manera de llenar el hueco semántico de algo que no se entiende. “A nivel cotidiano ahí está el hueco semántico desde el que las tecnologías son consumidas al no poder ser referidas en lo más mínimo a su contexto de producción: un hueco que la mayoría en estos países colman semantizándolas desde el lenguaje de la magia y la religión”[iii]. 

La segunda es la versión animista que la entiende como ser vivo, natural. Se cree que “hay almas por todas partes y que destruir algo, sea lo que sea, forzosamente destruiría un alma”[iv]

Esta se relaciona con la versión mágica que también atribuye poderes a algunos objetos que tienen capacidades prodigiosas, es decir, no sujetas a las leyes de la naturaleza. Esta, la magia, a diferencia de la ciencia que se basa en la ley de causalidad, se basa en dos leyes distintas: la ley de semejanza (lo semejante produce lo semejante) y la ley de contacto o contagio (“las cosas que alguna vez estuvieron en contacto se actúan a distancia”[2]). Así, de acuerdo con la ley de semejanza, se cree que la inteligencia artificial, por llamarse inteligencia, puede suplir los procesos psicológicos superiores de la mente humana: “la recordación voluntaria, la atención activa, el pensamiento abstracto, la acción voluntaria”[v], además del juicio moral y estético. O más exactamente, según Rodríguez (2026), “Es una tecnología que permite a las máquinas simular capacidades humanas tales como el aprendizaje, el razonamiento, la percepción, la solución de problemas, la toma de decisiones y la creatividad”[vi]. Por la ley de contacto o contagio, se cree que el conocimiento científico aplicado en la producción de los algoritmos se va a transferir a los usuarios por el contacto con las tecnologías producidas.



Hay otra manera entenderla descrita por Sherry Turkle que podríamos llamar antropomorfista[3], consistente en que, por ejemplo, al llegar el computador personal a la escuela, los niños comienzan a verlo como un ser vivo, pero cuando logran establecer la diferencia entre lo vivo y lo no vivo, todavía siguen relacionándose con él en términos afectivos y no intelectuales y comienzan a tratarlo como “mi segundo yo”, con el cual se puede interactuar. 

Pero la más relevante por sus consecuencias en el sentido común es la versión positivista, la más propia del capitalismo, que presenta la tecnología como Hiper Racional, Super humana y autónoma, propia de la idea de progreso, según la cual cabe la posibilidad de una existencia y evolución autónoma de las máquinas y de un dominio de estas sobre los humanos. Desde luego que esto no va a suceder, pero es conveniente para el capital dirigir la lucha hacia la tecnología del momento y no hacia los dueños del capital que la producen y la utilizan precisamente para aumentar su capacidad de dominio. 

Lo que estamos viviendo no es la lucha contra las implicaciones de la I A, sino la manera como todas estas versiones se juntan en la cultura popular, con lo cual se logra desviar la discusión de las implicaciones de la I A en la relación entre capital y trabajo y en la condición social de los trabajadores. Entonces nos dedicamos a discutir temas como estos, también relevantes, pero no precisamente críticos, propuestos para un próximo evento de comunicación[vii]: 

“1. Ética periodística, desinformación e integridad de la Información.

2. Inteligencia artificial, opinión pública y democracia digital.

3. Automatización y avances tecnológicos en el periodismo.

4. Regulación, gobernanza digital y libertad de prensa.

5. IA generativa, nuevas narrativas y contenidos.

6. Transformación en la industria periodística en el escenario digital y de la IA”. 

Es claro que los primeros cinco puntos corresponden a la aceptación del discurso liberal positivista que entiende que la tecnología es autónoma y es la que dirige las dinámicas de la sociedad de manera neutral. Se asume que existe algo como la integridad de la información, la democracia digital, o como si el periodismo fuera un asunto tecnológico, como si existiera la libertad de prensa y la gobernanza digital, o como si la narrativa y los contenidos fueran un problema tecnológico. 

Ninguno hace alusión al problema del monopolio en la propiedad de esas tecnologías y mucho menos a la relación entre centro y periferia del capitalismo y la concentración del control político y económico de dichas tecnologías en prácticamente tres países del mundo. Esto ocurre porque es lo que está permitido discutir: ¿cómo nos integramos en la Inteligencia Artificial o cómo nos ‘resistimos’ a ella? 

Sólo el último punto se ocupa realmente de la I A como medio de producción y su relación con la fuerza de trabajo. En efecto, en la economía política, la I A es parte de los medios de producción, como instrumento de trabajo, pero no es parte de la fuerza de trabajo, como lo explica Marx en el capítulo V de El Capital. La Fuerza de trabajo es humana: conocimientos, hábitos y habilidades (lógica, ética y técnica); la I A Medio de producción, es un instrumento creado por la fuerza de trabajo humana. No es lógica ni gramática, es software; no es ‘pensamiento computacional’ sino procesamiento algorítmico. No es actividad humana sino de las máquinas. Sin embargo, tampoco tocan la relación capital trabajo. La pregunta no es ¿cómo nos integramos o cómo nos ´resistimos’ a la I A?, sino ¿Cómo nos oponemos al capital en tiempos de inteligencia artificial? 

En el capitalismo, todas las tecnologías tienen el poder de ‘mejorar’ la producción, lo cual quiere decir, tienen el poder de reducir el tiempo de trabajo necesario para producir el valor de la fuerza de trabajo y amentar el tiempo de trabajo excedente del trabajador. Por tanto, tienen el poder de hacer el trabajo más productivo, o sea de producir más plusvalía. Técnicamente, aumenta el grado de explotación del trabajo. Además, por cada trabajador que use la I A, se van a despedir muchos más de los que imaginamos y se van a multiplicar las ganancias del capital, por supuesto, a costa de los que pierden su trabajo, como los 300 mil ya despedidos en la propia industria informática durante 2025 y lo que va de 2026[viii]. 

En vano buscamos las ventajas de las tecnologías en el capitalismo porque lo que cuenta es la propiedad sobre los medios de producción y la capacidad de los propietarios de apropiarse de los mayores excedentes producidos por cada nueva tecnología.



[1] En la reciente visita de Donal Trump a China fueron los magnates de la industria informática de la I A los que lo acompañaron a negociar las cuotas comerciales; no fueron los granjeros, ni los trabajadores agrícolas ni los miles de millones de usuarios de los productos informáticos de la inteligencia artificial.

[2] Frazer, James (1995). La rama dorada. Magia y religión. Bogotá, Fce, p. 34

[3] Turkle, Sherry (2025). The Second Self: Computers and the Human Spirit (Twentieth Anniversary Edition). The MIT Press.



[i] Zuckerfeld, Mariano (2017). “Capitalismo cognitivo, trabajo informacional y un poco de música.” Nómadas 28: 52-65. Bogotá: Universidad Central, abril, 2008, p. 55.

[ii] Zuckerfeld, Mariano (2017). “Capitalismo cognitivo, trabajo informacional y un poco de música.” Nómadas 28: 52-65. Bogotá: Universidad Central, abril, 2008, p. 55.

[iii] Martín-Barbero, Jesús (1991). De los medios a las mediaciones. México, G. Gilli, p. 198.

[iv] Frazer, James (1995). La rama dorada. Magia y religión. Bogotá, Fce, p. 145.

[v] Luria, Louis. “La psicología como ciencia histórica. (Acerca de la naturaleza histórica de los procesos psíquicos).” En Lev Vygotsky. La psicología en la Revolución Rusa, 159-181. Bogotá: Desde Abajo, 2018 [1980].

[vi] Rodríguez Leal, Luis Germán (2026). Artificial intelligence as a metaphor: promises, limits and misunderstandings. Paper accepted at the 2026 International Symposium on Artificial Intelligence and Societal Challenges, organized by the Institute of Information Service Science (ISS) of the University of Geneva (March 2026).

[viii] Más de 300.000 despidos en el sector tecnológico… y nos dicen que es por “eficiencia”. 2026-03-26 https://www.youtube.com/watch?v=RxpJCGoTTUE 

viernes, 20 de marzo de 2026

Entrevista

 

El Observatorio Pedagógico de Medios es un espacio de reflexión crítica donde se cruzan la historia, la economía política, la educación y la comunicación, desde una perspectiva rigurosa y, al mismo tiempo, comprometida con la transformación social. A partir de análisis de largo aliento —por ejemplo, sobre los ciclos de acumulación del capitalismo, el orden mundial de posguerra y sus crisis—, el blog ofrece claves para comprender el presente y sus tensiones, en especial en lo que atañe a la escuela, la cultura alfabética, la transmisión de saberes y la crisis educativa contemporánea. Las entradas, elaboradas por un equipo de investigadores y docentes —Luis Fernando Marín Ardila, Ancízar Narváez Montoya y Guillermo Bustamante Z.—, dialogan con autores como Marshall McLuhan, Manuel Castells, Jesús Martin Barbero, Hobsbawm, Arrighi, Wallerstein, Gramsci o Marx y se apoyan en una bibliografía sólida para ir más allá de la coyuntura y situarse en una perspectiva histórica de larga duración. Además de los textos escritos, el Observatorio integra recursos como pódcasts y materiales de divulgación, lo que lo convierte en un referente para quienes buscan pensar la educación y los medios más allá de los lugares comunes, con una mirada crítica, bien fundamentada y pedagógicamente sensible. 

Realizamos una entrevista con el profesor Luis Fernando Marín, quien nos habló sobre la trayectoria del Observatorio y sus expectativas frente a este proyecto, que se ha convertido en un referente interesante desde la mirada de la cultura, la comunicación y la educación.

 

Carlos López: ¿Cómo nació este blog y qué motivó su creación? 

Profesor Marín: El blog surgió a principios de los años 2000. Nace a partir de que, desde 1990, hemos realizado un seminario en el que se han trabajado temas estructurales y coyunturales relacionados con la filosofía, las ciencias sociales, la educación y la cultura. El blog aparece, entonces, como una iniciativa mía, de Guillermo Bustamante, Olga Cecilia Díaz, Ancízar Narváez, Marta Herrera y Tomás Vázquez.

 

C.L.: ¿Qué temas centrales recorren las publicaciones y por qué son importantes hoy en día? 

Profesor Marín: Los temas son interdisciplinarios, pero, desde luego, tenemos un leitmotiv: el cubrimiento mediático de informaciones, temas, asuntos y noticias sobre la educación y la universidad. Es un asunto que nos pareció relevante, no solo porque somos docentes e investigadores de una universidad pedagógica, sino porque no salimos de nuestra perplejidad al ver cómo ese tema universitario, educativo, científico y cultural es simplificado, esquematizado, reducido, distorsionado y desinformado mediáticamente.

 

C.L.: ¿A qué tipo de lector están dirigidos los contenidos?, ¿hay un público ideal? 

Profesor Marín: El público al que nos dirigimos es, ante todo, un público universitario: docentes, estudiantes y personal administrativo. Pero también nos interesa llegar a una ciudadanía crítica que pueda acceder al boletín y, a partir de sus páginas, lograr alguna consolidación reflexiva.

 

C.L.: ¿Cómo se eligen los temas de cada entrada? 

Profesor Marín: Los temas responden a coyunturas que circulan en el campus de la universidad, pero también a asuntos complejos que merecen reflexión o interpretación desde la perspectiva de la universidad como lugar de enunciación. Por ejemplo, sobre la globalización: hace algunos años fue un tema que circuló intensamente en la universidad y, en ese momento, nos pareció que ameritaba dedicarle un boletín completo. También abordamos temas que atañen más directamente a la Universidad Pedagógica Nacional: la evaluación, la cultura de la evaluación, los exámenes PISA, etcétera. Todos esos asuntos son tratados desde una perspectiva analítica, crítica y amplia.

 

C.L.: ¿Qué fuentes de información o referentes alimentan su trabajo en el blog? 

Profesor Marín: En los últimos quince años, el profesor Ancízar Narváez, el profesor Guillermo Bustamante y yo, Luis Fernando Marín, hemos estado al frente del Observatorio y de la publicación de los boletines. Cada uno tiene un recorrido académico, investigativo y de publicaciones, con formaciones de base en ciencias sociales, filosofía y lingüística. Por tanto, hay una interdisciplinariedad en nuestros boletines. Al mismo tiempo, se pueden identificar miradas específicas en las discusiones planteadas: desde la etnoeducación, desde la economía política de la comunicación, desde el psicoanálisis y la semiótica, y también desde la filosofía. Esos serían, a grandes rasgos, los ejes centrales.

 

C.L.: ¿Podría contarnos una anécdota significativa que haya surgido a partir de una entrada del blog (un comentario, un debate, un cambio concreto)? 

Profesor Marín: Una discusión interesante entre los autores se dio cuando los boletines todavía eran impresos. En esa época se presentó la coyuntura en la que la comunidad científica de astrónomos debatió sobre si Plutón debía ser considerado un planeta o no. Nuestro sacudimiento epistemológico fue casi hilarante, porque, en últimas, el asunto —si era un planeta o no— se definió por votación, es decir, por mayoría. Eso nos llevó a pensar en las comunidades científicas como nomos —entendido a la manera griega, como acuerdos o convenciones sociales—, algo que nos causó sorpresa y risa, pero que también nos ilustró sobre el funcionamiento de estas instituciones científicas. Allí se ve cómo tienen razón aquellos epistemólogos que entienden que la historia de la ciencia no es solamente interna, sino también externa, en el sentido de que consideraciones sociológicas, políticas, lingüísticas y culturales inciden en las verdades que se construyen.



C.L.: ¿Qué se pretende que los contenidos logren en los lectores? 

Profesor Marín: Lo que proyectamos, deseamos e idealizamos es que aumente el número de lectores y que se vean seducidos, entusiasmados, interpelados por los boletines que escribimos, por las reflexiones que allí se producen y por las conceptualizaciones y profundizaciones que intentamos lograr. Desde luego, nos gustaría contar con un feedback más presente por parte de nuestros lectores.

 

C.L.: ¿Qué mito le gustaría desmontar relacionado con el blog? 

Profesor Marín: El mito que me parece más importante desmontar es creer que un observatorio se reduce a mostrar simplemente estadísticas u observaciones cuantitativas. Consideramos que un observatorio tiene que ver con observar en el sentido fuerte del término: contemplar, ver totalidades. Desde el punto de vista de la filosofía y de las ciencias sociales, esas reflexiones y profundizaciones son también observaciones, y son las que intentamos compartir con nuestro público.

 

C.L.: ¿Cómo equilibran la rigurosidad de la información con un lenguaje cercano y comprensible para un público amplio? 

Profesor Marín: La idea es que nuestra experticia, nuestro trabajo, nuestra pasión por el saber, la cultura, la comunicación y la educación ya están incorporadas en nosotros. De tal suerte que la información y la forma en que la plasmamos y analizamos en cada boletín tienen que ver con esa vocación pedagógico-comunicativa.

 

C.L.: ¿Qué papel han tenido las redes sociales o la comunidad de lectores en el crecimiento y orientación del blog? 

Profesor Marín: El papel de las redes sociales y, en general, de la infoesfera ha sido mínimo. Diría que ha habido algo de difusión por correos electrónicos o mensajes de WhatsApp, pero ha faltado más intensidad y dinámica. Aun así, es un blog cuyo posicionamiento es aceptable. En este momento contamos con más de 70.000 vistas, y consideramos que es un número significativo.

 

C.L.: ¿Hay alguna entrada que considere especialmente representativa de lo que busca lograr con el blog? ¿Por qué? 

Profesor Marín: Nos parece que los boletines sobre el tema de la inteligencia artificial son convergentes o nucleadores de lo que pretendemos con los contenidos, tanto en términos del público lector como de nosotros como escritores. La inteligencia artificial está en la diagonal de múltiples asuntos que se combinan y que retan a la comunicación, la cultura, el lenguaje, la educación, la ciencia, la tecnología y la pedagogía.

 

C.L.: ¿Qué dificultades o desafíos ha enfrentado al mantener el blog a lo largo del tiempo? 

Profesor Marín: Las dificultades son las propias de una institución como la Universidad Pedagógica Nacional: el relevo de administrativos, los cambios en la estructura y la migración de una facultad a otra. El Observatorio, en este momento, pertenece a la Facultad de Educación como proyecto de facultad; antes estaba en la Facultad de Humanidades, también como proyecto de facultad. En general, los administrativos no siempre tienen un conocimiento claro de la dimensión comunicación–cultura. No obstante, la dinámica frente al Observatorio, desde lo administrativo, ha ido fluyendo mejor.

 

C.L.: ¿Cómo cree que contribuye su blog a la difusión del conocimiento y a la transformación de prácticas o imaginarios en su campo? 

Profesor Marín: Consideramos que, de las más de 70.000 vistas, algo se habrá generado; algo de lo expuesto habrá dado frutos en algún sentido. Si hiciéramos una observación de segundo orden —cosa que aún no hemos hecho—, podríamos, hacia el futuro, intentar una mirada más sistemática sobre el impacto de lo que hemos publicado.

 

C.L.: ¿Qué proyectos futuros tiene para el blog? 

Profesor Marín: Tanto a Ancízar, como a Guillermo y a mí nos gustaría que hubiese espacios de socialización, de interacción cara a cara en torno a lo expuesto en los boletines. No solo con el ánimo de divulgar los boletines mismos, sino de discutir las problemáticas que trabajamos, porque consideramos que estos diálogos enriquecen la dinámica académica de la comunidad universitaria.

 

C.L.: Un mensaje de cierre. 

Profesor Marín: Para los educadores, para los científicos sociales, para los filósofos y para las personas que todavía tienen la pasión por el saber, la crítica y el análisis, el boletín —con su histórico— ofrece fuentes de inspiración y elementos de juicio que vale la pena consultar. Extiendo una cordial invitación a que se acerquen al boletín y escriban comentarios sobre esos contenidos.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Crisis sistémica y educación


Crisis civilizatoria y crisis sistémica 

Trataremos de ilustrar la convergencia de la crisis de la civilización occidental con la crisis del sistema capitalista.

Según cierta historiografía —cuyo carácter discutible dejaremos para otro momento—, la civilización es un estado de desarrollo de la humanidad caracterizado por unos rasgos comunes, asociados a la superación de la recolección: sedentarismo, agricultura, domesticación de animales, instituciones sociales no parentales (civiles, Estado), división del trabajo, comercio, propiedad privada, monogamia, etc. (Kristiansen, 2001), etapa evolutiva en la cual las sociedades adquieren, sobre todo, escritura: según Biernatzki (1996. p. 24), el habla posibilita crear una cultura humana, y la escritura crear civilización. Esto no se refiere a la separación romántica entre Cultura y Civilización (natural y artificial), sino al hecho de que la cultura se clasificaría por los instrumentos o técnicas de producción o de trabajo, mientras que las civilizaciones ofrecen productos llamados monumentos y documentos, en los que predomina el carácter simbólico y la pretensión de permanencia (Gordon-Child, 1972). En síntesis, la memoria de las culturas es la lengua, y la memoria de las civilizaciones es la escritura; ambas se diferencian de la memoria biológica que es genética (Leroi-Gourhan, 1971).

Los grandes focos civilizatorios se desarrollaron alrededor del cultivo de cereales, dado su carácter duradero y, por tanto, almacenable: las civilizaciones del arroz (Asia), del trigo (Medio Oriente), del sorgo y el mijo (África) y del maíz (América). Todas las civilizaciones comparten más o menos los rasgos anteriores.

En efecto, las Civilizaciones consideradas por Arnold J. Toynbee, entre ‘paternas’ y ‘filiales’, son las siguientes: Occidental, la Ortodoxa, Iránica, Arábica (estas dos ahora unidas en la Islámica), Hindú, del Lejano Oriente, Helénica, Siríaca, Índica, Sínica, Minoica, Sumérica, Hitita, Babilónica, Egipcíaca, Andina, Mexicana, Yucateca y Maya (Toynbee, 1995, p. 65). Estas distinciones pueden ser discutibles, puesto que la civilización minoica tomó su sistema de escritura del Lineal A de la civilización micénica (Robinson, 2003; Calvet, 2007; Drucker, 1999); a la vez, el lineal B se considera antecesor de la escritura griega, por lo que tendría filiación con la civilización helénica. Así mismo, la siríaca, la sumérica, la Hitita y la Babilónica pueden tener entre sí filiaciones semíticas, mientras que la arábica y la iránica, aunque comparten el Islam, tienen antecedentes muy diversos, pues los iranios son indoarios mientras que los árabes son semitas. Lo que sí se podría mantener, pese al origen cristiano común, es la división entre la civilización occidental y la ortodoxa, en términos incluso geoeconómicos más que geopolíticos (renacer del feudalismo frente al surgimiento del capitalismo).

Las únicas que parecen no encajar en este criterio de clasificación son las civilizaciones africanas, pues no aparecen en las clasificaciones de Toynbee, pero sí aparece la ‘Africana’ en la descripción contemporánea de Huntington (2001). Aunque no conocemos los sistemas de escritura sí podemos reivindicar que, en cuanto a las civilizaciones de Malí y Níger, su existencia está acreditada por los monumentos antes que por los documentos.

En contraste con el carácter histórico de la clasificación anterior, Huntington reduce las civilizaciones actuales a ocho, cada una de las cuales es identificable en regiones geopolíticas: China, Japonesa, Hindú, Islámica, Ortodoxa, Occidental, Latinoamericana, Africana (Huntington, 2001, pp. 45-54). Aquí desaparecen las filiaciones entre civilizaciones y las civilizaciones particulares de América Latina; la latinoamericana no parece tener que ver con el carácter supérstite de las grandes culturas precolombinas sino con una suerte de sincretismo afro-euro-americano. Lo mismo parece ocurrir con ‘la africana’ a pesar de la diversidad de tradiciones culturales de África.

Cuando hablamos de crisis civilizatoria nos referimos, grosso modo, a lo que se ha llamado “los males del antropoceno”. Pero, realmente, éstos empezaron —según la versión pesimista de Levi-Strauss (2013)— a partir del neolítico, con el fin de la etapa recolectora de la especie y el inicio de la etapa productiva. Lo cual debió haber ocurrido en todos los focos civilizatorios independientes que surgieron casi simultáneamente en el planeta.

En todo caso, a pesar de la diversidad de focos civilizatorios, lo que terminó imponiéndose como civilización fue la civilización occidental, cuya manera de caracterizar tanto a los ‘no civilizados’ como a las otras civilizaciones consiste en establecer el contraste con su autorrepresentación, una actitud que después de Edward Said (2008) se llamó Orientalismo. Los rasgos de esa civilización son rastreables desde la tradición de su escritura alfabética, hasta una tradición técnica, pero sobre todo en una tradición ética y política que se sintetiza en esta descripción: 

Al espíritu judío debíamos el racionalismo y el monoteísmo; al griego, la cultura platónica o aristotélica floreciente en instituciones urbanas; al latino, las formas de organización social: derecho público, estoicismo como moral del ciudadano. Al cristianismo, el concepto de persona; una elaboración sistemática y teológica contenida en una idea de eclesia y ecumene; la escolástica y las formas de enseñanza trivium y cuadrivium, como ejercicios de la mente; la concentración espiritual del individuo llevada a su máxima expresión en el célibe religioso; los monasterios, la semilla de la universidad (Restrepo, 1993, p. 98, cursivas añadidas). 

Ahora bien, el rasgo fundamental que vino a aportar la civilización occidental fue el capitalismo, como ética y como política. A partir del siglo XVI, la cultura occidental se impone en el resto del mundo como modelo de civilización, iniciando la acumulación originaria de capital y, con ella, cinco siglos de expansión capitalista, con cuatro ciclos de acumulación, cuatro o cinco modos de regulación, etc. 

Crisis sistémica 

Que la civilización occidental —en su versión capitalista— se haya impuesto hace que la crisis sistémica coincida con la crisis civilizatoria.

Los rasgos de la crisis civilizatoria y sus respectivas alternativas son: 

Crisis

Alternativas

Climática

No hay alternativa al sol para regular el clima

De la biodiversidad

No hay alternativa al agua para mantener la vida

Cultural

No hay alternativa al lenguaje para la existencia de la cultura

Educativa

(¿Es civilizatoria o sistémica? [Narváez, 2025, Inédito]).

 ¿Qué es “crisis educativa”? 1.- crisis de transmisión cultural de la educación escolar; 2.- crisis de la transmisión intergeneracional de la cultura, codificada en forma alfabética (Narváez, 2025). Si hablamos de cultura alfabética, la crisis educativa sería crisis civilizatoria, pues nuestra civilización se ha cimentado en la codificación alfabética; y si nos referimos a la institución escolar, la crisis educativa sería sistémica, pues, por más que retrotraigamos el origen de la escuela a los monasterios medievales, la escuela es moderna, contemporánea del capitalismo.

“Crisis sistémica” es la del Moderno Sistema Mundial o Economía Mundo Capitalista. El capitalismo organizó el mundo en un sistema-mundo realmente nuevo, distinto a los sistemas locales y a los sistemas-mundo imperiales: 

A fines del siglo XV y principios del XVI, nació lo que podríamos llamar una economía-mundo europea. No era un imperio [...] Era un tipo de sistema social que el mundo en realidad no había conocido anteriormente y que constituye el carácter distintivo del moderno sistema mundial. Es una entidad económica pero no política, al contrario que los imperios, las ciudades-Estado y las naciones-Estado [...] Es un sistema “mundial”, no porque incluya la totalidad del mundo, sino porque es mayor que cualquier entidad política jurídicamente definida. Y es una “economía-mundo” debido a que el vínculo básico entre las partes del sistema es económico (Wallerstein, 1979, p.21)[1].

 Dicho sistema ha pasado por cuatro etapas, que, en la periodización del autor, corresponden a las siguientes características con sus respectivas fechas: 

Tabla 1: Períodos y características del capitalismo 

1450-1640

Orígenes. Sistema europeo

1640-1815

Consolidación del sistema

1815-1917

Economía mundo como empresa global gracias al industrialismo

1917-

Consolidación de la economía-mundo y tensiones revolucionarias

Fuente: Wallerstein, 1979, p. 17. 

Así se resume la historia del capitalismo como sistema mundial moderno, como sistema de Estados-nación (193 reconocidos hoy por la Organización de las Naciones Unidas). Estos entes jurídico-políticos, en términos capitalistas, funcionan, a la vez, como economías nacionales que conforman una economía mundo, es decir, un sistema de lazos económicos. En El Moderno sistema mundial, Wallerstein (2014) concluye que esta historia, cuyo último capítulo termina en 1917, termina también con el triunfo del liberalismo centrista sobre el conservadurismo y el radicalismo, las otras dos corrientes políticas que dinamizan el siglo XIX.

Esto coincide con Huntington: el punto culminante de la dominación de la civilización occidental fue la década de 1920, justo después de la I Guerra Mundial. En contraste, en la década de 2020 —predice hace 30 años— Occidente tendrá el siguiente grado de control:

 Tabla 2: Resumen de la civilización occidental

Fuente: Huntington, 2001, p. 107. 

Estas predicciones acertaron, pues el G7, conformado por las economías más industrializadas (EE. UU., Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá), representan “en 2024 el 29% del PIB mundial, una cifra que ha disminuido significativamente desde 1975. La población de estos países es de aproximadamente 782 millones de habitantes, lo que equivale a cerca del 10% de la población mundial”[2].

Mientras tanto, los países ‘emergentes’ (BRICS) “representan ahora más de la mitad de la población mundial y el 40,4% de la riqueza mundial (en paridad de poder adquisitivo)”[3] y el 40% de la producción industrial. Obviamente, el poder militar occidental sigue siendo el más grande, pero, aun así, la potencia combinada de Rusia, China e India tienen ya la capacidad suficiente de contención. Además, hay cinco potencias regionales musulmanas que no están necesariamente alineadas siempre con Occidente: Indonesia, Pakistán, Irán, Turquía y Egipto. Indonesia y Pakistán son la cuarta y quinta naciones más pobladas del mundo; las demás cuentan con alrededor de 100 millones de habitantes y, además, Pakistán tiene poder nuclear.

Desde el punto de vista de la relación Centro/Periferia: los capitalistas del centro se apropian de una parte de la plusvalía de los capitalistas de la periferia; pero, cuando son hegemónicos, se apropian de una parte de la plusvalía de los capitalistas de los otros países centrales. Y bien, el sistema entra en crisis porque nuevas economías no sólo disputan un lugar en el centro, sino también su hegemonía (hoy existe al menos un país con esa capacidad). La crisis sistémica es el fin de un ciclo de acumulación hegemonizado por la economía de Estados Unidos.

Pero crisis sistémica no es el fin del sistema. Muchas alternativas y alianzas son posibles en un nuevo reparto del mundo. También es posible que venga una guerra que no deje mundo para repartir… Pero ¿es necesario tirar el niño con el agua de la bañera? O sea, ¿es necesario erradicar la cultura alfabética, como memoria de la civilización occidental, junto con el capitalismo? ¿Es el capitalismo necesario en dicha tradición civilizatoria o es una contingencia histórica? El hecho de que el capitalismo haya expandido la cultura occidental ¿implica que dicha cultura es intrínsecamente opresiva, alienante, colonialista, etc.? No es la civilización sino el capitalismo, ya sea sínico, ortodoxo, hindú o musulmán el que desafía al capitalismo occidental.

Para diferenciar la crisis capitalista de la crisis civilizatoria y, por tanto, para diferenciar la lucha anti sistémica de la lucha antioccidental, anti alfabética y antiacadémica, hay que resolver antes otra pregunta: si aceptamos que la cultura occidental tiene la cuna en Grecia, los herederos de los filósofos griegos ¿son los griegos o los filósofos? Los herederos no son los griegos —hablantes de la lengua y portadores de la tradición oral—, sino los filósofos competentes en la escritura griega y el pensamiento filosófico. Cada vez más, los filósofos son ajenos al grupo étnico griego y pertenecen a otras etnias y a otras lenguas, pero competentes en la escritura y la filosofía griegas. O sea, los herederos son quienes asumieron la cultura alfabética en su doble carácter: como forma de expresión alfabética y como forma de contenido filosófico (analítico, categorial). Y fue trasladada al latín a través de la versión universal o supra étnica llamada Gramatice (latín escrito y universal) y no a través de los Romanice (lengua oral y local) (Tagliavini, 1993).

Todas las culturas étnicas, incluyendo las lenguas romanices, tienen una base oral y sobre ellas se construyen los componentes de la cultura (técnica, ética, estética). Esto vale para las más de seis mil lenguas existentes en el mundo, o sea para otras tantas culturas étnicas (Crystal, 1997). 

Tabla 3: Saberes de las culturas orales 


Tomado de Narváez, 2025. 

La cultura occidental aporta los saberes teóricos, contemplativos, explicativos, etc. Es decir, la cultura alfabética no construye sólo una ética, una política, una técnica y una estética sino, sobre todo, una teoría sobre esas esferas de la praxis. Este tipo de saberes, que no han estado al alcance de todos, comienzan a ser reivindicados por los ciudadanos en la modernidad. Pero no están en la oralidad, sino en la escritura de las lenguas nacionales, lenguas modernas que luego devienen lenguas coloniales como el inglés y el español. Estas lenguas tienen la misma edad de las universidades: unos 800 años (Tagliavini, 1993). Por medio de ellas, los saberes universales, codificados en alfabeto latino, se criollizan o se nacionalizan y, al mismo tiempo, los saberes locales se universalizan a través de las lenguas nacionales escritas. La idea de “derecho a la educación” sintetiza esa pretensión de que todos tengan derecho a esa cultura universal, convertida en cultura Nacional-popular (Gramsci, 1986). La “educación formal” es la transmisión intergeneracional de esos saberes alfabéticos universales teóricos.

Así, la crisis educativa es el paulatino abandono de los saberes teóricos en la escuela, bajo el pretexto de dos reivindicaciones que se convierten en obstáculos para la formación: la pertinencia (empleabilidad) y la calidad (operatividad). De ‘comprender’ o ‘conocer’, pasamos a ‘saber-hacer’, ‘saber-actuar’ (“competencias ciudadanas”). O, según Sherry Turkle, el paso de la transparencia moderna (por qué algo funciona de alguna manera), a la transparencia posmoderna (cómo hacerlo funcionar). La transmisión cultural posmoderna, consistente en el hacer, el actuar, el sentir, es lo que hoy se llama “experienciar”[4]. Es la eliminación de la teoría. Si insistimos un poco más, también podemos decir que al preguntarse por qué, esta forma de pensar es, en sentido estricto, la cultura crítica. Por tanto, eliminar esa pregunta es también la eliminación de la crítica. 

Tabla 4: Saberes de la cultura alfabética 

Tomado de Narváez, 2025.

 

Crisis de la educación como crisis sistémica 

La promesa de que la educación produce ascenso social e incorporación a la economía ha venido decayendo desde los 70. Según Zukerfeld (2016), hasta 1975 había correspondencia entre el aumento de cobertura en la educación superior y el aumento crecimiento porcentual del producto interno bruto. Según Misas (2019), en la década de 1960 —la edad dorada del desarrollo— un título universitario implicaba un ingreso de 9.5 salarios mínimos; en la década de 1970, un ingreso de 5.5 salarios mínimos; pero en la década del 2010 sólo garantiza un ingreso de 1.7 salarios mínimos.

Sin embargo, en el último informe de la OCDE (Education at a Glance 2025 © OECD 2025) la educación superior todavía ofrece ventajas económicas y sociales: 

Los adultos con una cualificación de educación terciaria ganan, en promedio, un 54% más que quienes sólo cuentan con educación secundaria superior. Incluso considerando los costos de la educación terciaria, el beneficio económico promedio a lo largo de la vida de obtener una cualificación terciaria supera los 300.000 USD en el conjunto de la OCDE (p. 20)[5]. 

Desde luego, la sobrecalificación es un resultado que no se puede achacar a la educación superior, sino al bajo nivel del capitalismo en Colombia y en los países de la periferia, relacionado con el rentismo que agobia al capitalismo en este tipo de países. Así mismo, el desencuentro entre la oferta y la demanda laboral tiene que ver con la falta de formación técnica y científica en la educación, pero también con la falta de formación bruta de capital. No se trata sólo de que la universidad no produce mano de obra para el empresariado, sino de que el empresariado no invierte lo suficiente para ofrecer oportunidades de empleo.

El acceso a la cultura alfabética y a la educación escolar no se reduce a la formación para el trabajo sino a la formación de ciudadanos. Ahora nos dicen que son más importantes las competencias ciudadanas (aprender a actuar) que los conocimientos sociales (aprender a comprender la sociedad)… no sea que los ciudadanos se conviertan en críticos, en vez de obedecer ciegamente.

La crítica a la escuela reproductivista, ideológica, represiva, disciplinaria, normalizadora, etc. (¿producto de la llamada revolución del 68?) ha llevado a una confluencia sorprendente entre la derecha neoliberal y algunos sectores de la izquierda: ambos piensan que la cultura académica es despreciable, por ser ineficiente, inútil y elitista. Según esta concepción, antes del Estado de Bienestar los servicios públicos y la salud sólo eran disfrutados por la élite, entonces pedir que los trabajadores y las mujeres y los campesinos tengan derecho a estos servicios ¡sería una posición elitista! De hecho, nuestra educación superior era elitista en 1971, pues sólo había unos 70 mil estudiantes universitarios. Según eso, los estudiantes que pedían que más gente ingresara en ella ¡eran unos elitistas!

Pero, más allá, la lucha por los derechos es una bandera que los movimientos antisistémicos heredaron de la burguesía. Según Marx, la burguesía deja de ser revolucionaria a partir de 1848. De ahí en adelante, todas las reivindicaciones que vienen desde la revolución francesa pasan a ser reivindicaciones de los movimientos antisistémicos, entre ellas, la democracia (el sufragio, el parlamento, la libertad de expresión y la libertad política), los derechos sociales y, desde luego, la educación nacional (criollización de la cultura universal, universalización de la cultura nacional).

¿Cuáles son los movimientos antisistémicos? Según Arrighi, Hopkins y Wallerstein (1999), son el Nacionalismo (anticolonial) y el Socialismo (anticapitalista). Pero ahora, incluso, tenemos que hacernos cargo de la democracia y del Estado de bienestar. Todas las reivindicaciones que dejó truncas la revolución francesa siguen siendo banderas de los movimientos antisistémicos. Entre ellos la educación.

Que estemos ante una crisis sistémica del capitalismo, no es equivalente a una crisis civilizatoria, si entendemos por civilización todo el acumulado de tradición alfabética occidental. La democracia y los derechos no se tienen que hundir con el capitalismo; al contrario, es posible que tengamos que volvernos contra el capitalismo para salvaguardar los derechos. 

 

Referencias 

Arrighi, G., Hopkins, T. y Wallerstein, I. (1999). Movimientos antisistémicos. Madrid, Akal.

Biernatzki, W. E. (Editor) (1996). Communication Research Trends. Vol. 10, nº 3. Saint Louis: Saint Louis University.

Calvet, Louis-Jean (2007). Historia de la escritura. De Mesopotamia hasta nuestros días. Barcelona: Paidós.

Crystal, David (1997). The Cambridge Encyclopedia of Language. New York: Cambridge University Press, 2nd Edition.

Drucker, Johanna (1999). The Alphabetic Labyrinth. The Letters in History and Imagination. New York: Thames and Hudson.

Gordon Childe, Ver (1972). Introducción a la Arqueología. Barcelona, Ariel.

Gramsci, Antonio (1986). La formación de los intelectuales. México: Grijalbo.

Huntington, S. (2001). El choque de civilizaciones. Barcelona: Paidós, 2001.

Kristiansen, Kristian (2001). Europa antes de la Historia. Barcelona: Península.

Levi-Strauss, Claude (2013). “La puesta de sol. Entrevista con Boris Wiseman”. New Left Review, 79 (77-90), Mar abr.

Misas, Gabriel (2019). Regímenes de acumulación y modos de regulación. Colombia 1910-2010. Bogotá, Universidad Nacional.

Narváez, A. (2025). Adiestramiento, adoctrinamiento y conocimiento. Educomunicación, transmisión cultural y escuela. Bogotá, UPN, Inédito.

Restrepo, Gabriel (1993). “Elementos teóricos para una historia social de la ciencia en Colombia”. En: Varios. Historia social de la ciencia en Colombia. Tomo I. Fundamentos teórico-metodológicos. Bogotá: Colciencias, pp.87-123.

Robinson, Andrew (2003). The Story of Writing. Alphabets, Hieroglyphs & Pictograms. New York: Thames and Hudson.

Said, Edward (2008/). Orientalismo. Barcelona, Debolsillo.   

Tagliavini, Carlo (1993). Los orígenes de las lenguas neolatinas. México: fce.

Toynbee, Arnold J. (1995). Estudio de la Historia. Barcelona: Altaya. 3 Vol.

Wallerstein, Immanuel (1979). El moderno sistema mundial (I). La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Madrid: Siglo XXI.

Wallerstein, Immanuel (2014). El moderno sistema mundial (IV). El liberalismo centrista triunfante, 1789-1914. Madrid: Siglo XXI.

Zukerfeld, M. (2017). Knowledge in the Age of Digital Capitalism: An Introduction to Cognitive Materialism. University of Westminster Press. En línea en: www.uwestminsterpress.co.uk. Translated from Spanish by Suzanna Wylie.



[1]  “Sólo se puede narrar verdaderamente el pasado como es, no como era. Ya que rememorar el pasado es un acto social del presente hecho por hombres del presente y que afecta al sistema social del presente” (p.15). Wallerstein, Immanuel. El moderno sistema mundial (I). La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Madrid: Siglo XXI, 1979. 

[4] I Congreso de Aprendizaje Experiencial: Convocatoria de buenas prácticas e inscripciones. “Aprendizaje Experiencialun espacio académico e innovador diseñado para compartir conocimientos, experiencias y buenas prácticas sobre metodologías activas de enseñanza y su impacto en el desarrollo de competencias en la educación superior. https://www.google.com/search?q=I+Congreso+de+Aprendizaje+Experiencial&rlz=1C1SQJL_esCO1169CO1169&oq=I+Congreso+de+Aprendizaje+Experiencial&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIHCAEQABjvBTIHCAIQABjvBTIHCAMQABjvBTIHCAQQABjvBTIKCAUQABiABBiiBNIBCjEzMzUwajBqMTWoAgiwAgHxBWL7HQ865yp18QVi-x0POucqdQ&sourceid=chrome&ie=UTF-8

[5] Ver también The State of Education in Latin America and the Caribbean: Learning Assessments. Banco Interamericano de Desarrollo, centrado en Evaluación del aprendizaje.