miércoles, 19 de marzo de 2025

Trump contra diversidad, equidad e inclusión

El domingo 8 de marzo, El Tiempo publicó la noticia «Trump desata un tsunami ‘antiwoke’ en Estados Unidos», firmado por Sergio Gómez Maseri, corresponsal del periódico en Washington (1). El artículo habla de la cruzada de Donald Trump contra los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) desde su retorno a la presidencia. Analizaremos la estructura del artículo, su lenguaje, la manera como presenta los hechos y la inclusión (o no) de ciertas voces.

 

Contenido y enfoque 

Estructura. La noticia presenta los antecedentes, el desarrollo y las posibles consecuencias del tema. Explica que Trump, tras su regreso a la presidencia, reafirma su postura contra los programas-dei: “USA ya no será un país woke”… y recordemos que ‘woke’ significaba “estar consciente de la injusticia social”(2).

Entonces, Trump firma órdenes ejecutivas que desmantelan las iniciativas de inclusión. Por ejemplo, despide al general Charles Brown y la jefa de la Armada Lisa Franchetti, vinculadas a los programas-dei. Las medidas tienen un impacto inmediato en las empresas, pues algunas desmantelan sus programas de diversidad. Y como tales programas surgieron de sendos movimientos por los derechos civiles, ya comienzan las reacciones y críticas sobre las decisiones del mandatario.

Lenguaje. La noticia es sensacionalista: trae a cuento las frases que refuerzan la visión de Trump, sin cuestionar su validez: “Hemos acabado con la tiranía de las llamadas políticas DEI”, como si éstas fuesen una forma de opresión. Cita una frase de Elon Musk, “DEI significa que la gente muere”, sin ofrecer datos que respalden o refuten esta afirmación. Así mismo, usa términos emocionalmente cargados: extirpar se usa para describir la eliminación de programas-dei, lo que sugiere una visión negativa del concepto, como si fuera una enfermedad. También se menciona que Mike González, del think tank conservador The Heritage Foundation, describe los programas-dei como un intento de “desmantelar toda nuestra sociedad y reformularla”, una afirmación drástica que no se contrasta con análisis académicos. Se refuerza el discurso anti-DEI al presentar el MEI (Mérito, Excelencia e Inteligencia) como alternativa a los programas-dei, sin establecer si no son más bien modelos excluyentes. En últimas, el uso del lenguaje busca que el lector perciba de forma negativa los programas a favor de la diversidad, la equidad y la inclusión.

Los “hechos”. Si bien la noticia ofrece casos de implementación de la política anti-DEI de Trump, se presentan de una forma que suscita inquietud: 1.- Se menciona la destitución de Charles Brown y Lisa Franchetti, removidos por ser símbolos de los programas-dei, pero ¿esta esta es la única razón de su despido?; así mismo, se asocian tales programas con un accidente aéreo y los incendios en Los Ángeles, pero no se presenta evidencia. 2.- Se citan empresas que han eliminado tales políticas, pero no estudios sobre el impacto real de estas decisiones. Aunque se menciona que la opinión pública sobre los programas-dei ha cambiado, no se analizan en profundidad las razones detrás de esta transformación, ni se comparan con otros estudios. 3.- No se problematiza la idea del “mérito” como alternativa: supuestamente, la eliminación de las políticas-dei busca favorecer el “mérito”, pero ¿es éste el único factor que determina la contratación y promoción laboral?

Otras voces. La noticia también presenta perspectivas críticas: para David Glasgow (Centro Meltzer), los programas-dei no son opuestos al mérito, sino que ayudan a que éste se aplique justamente; Adam Russell Taylor (presidente de Sojourners), advierte: eliminar los programas-dei es un retroceso en derechos civiles; Dara Khosrowshahi (CEO de Uber), afirma que la diversidad beneficia a las empresas. No obstante, estas voces —no tan emotivas— sólo aparecen al final, lo que reduce su impacto en la percepción de los lectores.

 

Contexto 

El debate sobre la diversidad, equidad e inclusión (DEI) en USA tiene raíces en la lucha por los derechos civiles y la evolución de políticas sociales en el país. Para entender la ofensiva de Trump, es clave examinar la historia de estas medidas, y los cambios políticos y culturales en ese país.

Orígenes históricos de los programas-dei. Las políticas de diversidad y equidad en USA se originan en la lucha contra la discriminación racial y de género, que tomó fuerza a mediados del siglo XX: la Ley de Derechos Civiles (1964) prohibió la discriminación en el empleo y la educación por motivos de raza, religión, sexo o nacionalidad; la orden ejecutiva Acción Afirmativa (1965), durante la presidencia de Lyndon B. Johnson, exigía a las instituciones gubernamentales y contratistas federales garantizar la inclusión de minorías en la educación y el empleo; los años 70 y 80 expandieron las políticas de igualdad en universidades y empresas, implementando programas de diversidad y cuotas para grupos históricamente excluidos.

Entonces, las políticas de equidad no surgieron como un ataque al mérito, sino como un intento de corrección de desigualdades sistémicas. El trabajo no es igual para todos y, por lo tanto, es necesario implementar mecanismos que nivelen las oportunidades. Por eso tiene resistencia en los sectores que se benefician de la desigualdad. Por ejemplo, sectores conservadores argumentaron que la Acción Afirmativa promovía una “discriminación inversa” contra la población blanca-masculina.

Expansión de los programas-dei. La diversificación de las sociedades transformó las políticas de equidad: 1.- en el siglo XXI, la idea de inclusión se amplió para incluir a mujeres, personas LGBTQ+, y otros grupos históricamente marginados; 2.- el movimiento contra el acoso sexual (#MeToo, 2017) impulsó cambios en políticas laborales, reforzando la importancia de la equidad de género en el trabajo; 3.- la brutalidad policial contra minorías raciales suscitó la protesta contra el racismo estructural (por ejemplo, tras la muerte de George Floyd, 2020), lo que llevó a muchas empresas e instituciones a adoptar programas más penetrantes de inclusión; 4.- el presidente Joe Biden firmó varias órdenes (2021-2023) para fortalecer tales políticas en el gobierno federal, incluyendo incentivos para contratar minorías y fortalecer la diversidad en instituciones públicas.

La reacción conservadora. El movimiento “antiwoke”, promovido por figuras de la derecha conservadora en USA, le da fuerza al rechazo a las políticas de diversidad, que no es nuevo. Ese movimiento se transformó en un símbolo de lo que los conservadores ven como excesos progresistas: durante su primer mandato, Trump hizo una ofensiva contra los programas-dei: restringió programas de capacitación en diversidad dentro del gobierno y desmanteló políticas de Acción Afirmativa; en 2020, firmó una orden ejecutiva que prohibía capacitación sobre racismo sistémico en agencias federales, argumentando que promovía la “culpa racial” entre blancos; en Florida, el gobernador Ron DeSantis promovió una ley que restringía la enseñanza de conceptos relacionados con racismo sistémico y equidad en escuelas y universidades (Ley “Stop WOKE”, 2022).

Impacto político y polarización. La controversia sobre DEI refleja la profunda polarización política en USA: de un lado, los republicanos piensan que los programas-dei han llevado a una discriminación inversa; y, en consecuencia, se deben eliminar las cuotas raciales y de género para favorecer el mérito individual. De otro lado, algunos demócratas piensan que, sin medidas de equidad, la discriminación estructural seguirá perpetuando desigualdades históricas.

Retroceso en derechos civiles. Eliminar los programas-dei es un retroceso en los avances logrados en los últimos 60 años: 1.- sin programas de equidad, los grupos históricamente excluidos perderán acceso a empleos y a educación superior; 2.- la falta de diversidad en espacios sociales refuerza —normaliza— la discriminación estructural; 3.- el abandono de los programas-dei en USA “autoriza” a otros gobiernos de derecha a seguir el mismo camino, debilitando los derechos humanos a escala internacional. La eliminación de tales políticas no restaurará una supuesta meritocracia, sino que reforzará barreras históricas.

 


Implicaciones 

Las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) han sido fundamentales para promover la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral, educativo y gubernamental en USA. Veamos algunos efectos de su supresión.

Impacto en la representación de minorías y la inclusión social. Los programas-dei buscaban garantizar que grupos históricamente excluidos (mujeres, afroamericanos, latinos, asiáticos, personas LGBTQ+, personas con discapacidad) tuvieran acceso a oportunidades laborales y educativas. Al eliminarlas 1.- menos personas de las minorías llegarán a cargos de poder; sin embargo, según datos del Harvard Business Review (2023), las empresas se benefician (en un 36%) cuando su liderazgo incluye la diversidad; 2.- disminuirá el acceso a la educación superior para minorías, afectando su movilidad social, profundizando la brecha; 3.- sin mecanismos para detectar y corregir sesgos, el reclutamiento laboral favorecerá a grupos dominantes; según la Equal Employment Opportunity Commission, las contrataciones sin criterios de diversidad tienden a perpetuar la homogeneidad racial y de género.

Repercusiones en el sector empresarial y la economía. Posición de las empresas frente a los programas-dei: de un lado, las que los eliminan (McDonald’s, Instagram, ExxonMobil) argumentan presión política, alineación con el gobierno, evasión de sanciones, pérdida de contratos federales, evitación de controversias legales o de conflictos internos; de otro lado, las que los mantienen (Apple, Uber y Costco) argumentan que implementar la diversidad impulsa la innovación, la creatividad y la rentabilidad… queda claro que no se considera como algo esencial a las relaciones humanas, sino como algo que depende del interés económico.

Estudios recientes revelan los beneficios económicos de la diversidad: 1.- mayor innovación: empresas diversas tienen un 19% más de ingresos por innovación (Boston Consulting Group, 2020); 2.- mejor desempeño financiero: empresas con alta diversidad en la junta directiva obtienen un 25% más de rentabilidad (McKinsey, 2022); 3.- mayor acceso a mercados globales: la diversidad permite conectar con distintos segmentos de consumidores.

Consecuencias en el mercado laboral y la competencia profesional. Eliminar los programas-dei también tiene implicaciones directas en la fuerza laboral: sin tales programas, las empresas podrían regresar a patrones de contratación que favorecen a ciertos grupos sobre otros (en 2022, el 85% de los CEO de Fortune 500 eran hombres blancos); sin embargo, muchas empresas reportan que los trabajadores valoran ambientes inclusivos (Según Glassdoor [2023], un 76% de los empleados prefieren trabajar en empresas que promueven la diversidad). Y, a otro nivel, las empresas estadounidenses que operan en mercados globales pueden enfrentar críticas y dificultades si eliminan programas de equidad.

Impacto en la opinión pública y la polarización social. La noticia menciona que la opinión pública sobre los programas-dei ha cambiado. Según Pew Research, en 2023, el 60% de los estadounidenses apoyaban los programas-dei, pero, en 2024 esa cifra bajó a 52%; el 75% de los votantes republicanos creen que los programas-dei son innecesarios o dañinos; el 68% de los demócratas considera que son cruciales para la equidad. La eliminación de los programas-dei produce mayor división política y cultural, refuerza la polarización entre quienes lo ven como un avance y quienes lo consideran una imposición. También puede aumentar el resentimiento y los conflictos laborales: empleados que han visto los beneficios de los programas-dei pueden sentirse frustrados con su eliminación, empresas con diversidad pueden enfrentar tensiones internas. Más que un simple cambio de políticas, la eliminación de tales programas es un símbolo de la guerra cultural en USA. La politización del tema ha llevado a que muchos ciudadanos perciban la diversidad como una amenaza, no como algo propio de la condición humana.

Posibles escenarios futuros. Dado el giro radical contra los programas-dei, hay cuatro escenarios posibles:

·        Regresión: la eliminación total de tales programas. Empresas y universidades dejan de aplicar criterios de equidad; aumenta la brecha salarial y de representación; menor diversidad en sectores clave como tecnología y ciencia.

·        Adaptación: se eliminan las políticas gubernamentales, pero algunas empresas siguen aplicando tales programas con otro nombre; se fortalece la idea del “mérito con equidad”, sin llamarlos programas-dei.

·        Retorno: reinstauración de las políticas de equidad, tras un cambio de gobierno.

·        Resistencia: conquista de los derechos como resultado de luchas de los sectores excluidos, tanto a escala de los USA, como a escala mundial.

 

Coda 

Es claro que el capitalismo genera exclusión y que esto no es un “defecto” que podría solucionarse con medidas “justas”, pues los modos de producción no se instauran por “justicia”. De ahí que el mantenimiento de las barreras estructurales le convenga a cierto sector de la sociedad, y que la lucha contra esas barreras —que se ha concretado en medidas como los programas-dei— dependa del movimiento que realicen los marginados. El presente gobierno de derecha se siente con fuerza como para eliminar las medidas alcanzadas durante muchos años; ya veremos qué pasa. Pero un gobierno de otro talante (demócrata, por ejemplo), si bien ha sido sensible al problema, no por eso puede eliminar los efectos estructurales del capitalismo. 


(1) ENLACE A LA NOTICIA:

Trump desata un tsunami ‘antiwoke’ en Estados Unidos


(2) El término ha sido explotado por el trumpismo y los sectores más conservadores de la política en USA, en varios escenarios: a.- en el político, para descalificar a los "opositores" demócratas; b.- en el cultural, para imponer una agenda fóbica (antifeminismo, antiracismo, antiinmigrantes pobres); c.- en lo mediático, para identificar, mediante una palabra o un eslogan breve, causas y anticausas. Además de desconocer que el sistema político democrático respeta minorías y procura el crecimiento de derechos colectivos e individuales, toda esta andanada es un cordón sanitario neomacartista  para que, en plena crisis del imperio y su capitalismo, no surjan alternativas reales a su dominio.