El domingo 8 de marzo, El Tiempo
publicó la noticia «Trump desata un tsunami ‘antiwoke’ en Estados Unidos»,
firmado por Sergio Gómez Maseri, corresponsal del periódico en Washington (1). El
artículo habla de la cruzada de Donald Trump contra los programas de
diversidad, equidad e inclusión (DEI) desde su retorno a la presidencia. Analizaremos la estructura del
artículo, su lenguaje, la manera como presenta los hechos y la inclusión (o no)
de ciertas voces.
Contenido y enfoque
Estructura. La noticia presenta los antecedentes, el desarrollo y las
posibles consecuencias del tema. Explica que Trump, tras su regreso a la
presidencia, reafirma su postura contra los programas-dei: “USA ya no será un país woke”… y recordemos
que ‘woke’ significaba “estar
consciente de la injusticia social”(2).
Entonces, Trump firma órdenes ejecutivas que desmantelan las iniciativas
de inclusión. Por ejemplo, despide al general Charles Brown y la jefa de la
Armada Lisa Franchetti, vinculadas a los programas-dei. Las medidas tienen un impacto inmediato en las empresas,
pues algunas desmantelan sus programas de diversidad. Y como tales programas surgieron
de sendos movimientos por los derechos civiles, ya comienzan las reacciones y
críticas sobre las decisiones del mandatario.
Lenguaje. La noticia es sensacionalista: trae a cuento las frases que refuerzan
la visión de Trump, sin cuestionar su validez: “Hemos acabado con la tiranía de
las llamadas políticas DEI”, como si éstas fuesen una forma de opresión. Cita
una frase de Elon Musk, “DEI significa que la gente muere”, sin ofrecer datos
que respalden o refuten esta afirmación. Así mismo, usa términos emocionalmente
cargados: extirpar se usa para describir la eliminación de programas-dei, lo que sugiere una visión negativa
del concepto, como si fuera una enfermedad. También se menciona que Mike
González, del think tank conservador The Heritage Foundation, describe los programas-dei como un intento de “desmantelar toda
nuestra sociedad y reformularla”, una afirmación drástica que no se contrasta
con análisis académicos. Se refuerza el discurso anti-DEI al presentar el MEI
(Mérito, Excelencia e Inteligencia) como alternativa a los programas-dei, sin establecer si no son más bien modelos
excluyentes. En últimas, el uso del lenguaje busca que el lector perciba de
forma negativa los programas a favor de la diversidad, la equidad y la inclusión.
Los “hechos”. Si bien la noticia ofrece casos de implementación de la política
anti-DEI de Trump, se presentan de una forma que suscita inquietud: 1.- Se
menciona la destitución de Charles Brown y Lisa Franchetti, removidos por ser
símbolos de los programas-dei,
pero ¿esta esta es la única razón de su despido?; así mismo, se asocian tales
programas con un accidente aéreo y los incendios en Los Ángeles, pero no se
presenta evidencia. 2.- Se citan empresas que han eliminado tales políticas,
pero no estudios sobre el impacto real de estas decisiones. Aunque se menciona
que la opinión pública sobre los programas-dei
ha cambiado, no se analizan en profundidad las razones detrás de esta
transformación, ni se comparan con otros estudios. 3.- No se problematiza la
idea del “mérito” como alternativa: supuestamente, la eliminación de las políticas-dei busca favorecer el “mérito”, pero ¿es
éste el único factor que determina la contratación y promoción laboral?
Otras voces. La noticia también presenta
perspectivas críticas: para David Glasgow (Centro Meltzer), los programas-dei no son opuestos al mérito, sino que
ayudan a que éste se aplique justamente; Adam Russell Taylor (presidente de
Sojourners), advierte: eliminar los programas-dei
es un retroceso en derechos civiles; Dara Khosrowshahi (CEO de Uber), afirma
que la diversidad beneficia a las empresas. No obstante, estas voces —no tan
emotivas— sólo aparecen al final, lo que reduce su impacto en la percepción de los
lectores.
Contexto
El debate sobre la diversidad, equidad e inclusión (DEI) en USA
tiene raíces en la lucha por los derechos civiles y la evolución de políticas
sociales en el país. Para entender la ofensiva de Trump, es clave examinar la
historia de estas medidas, y los cambios políticos y culturales en ese país.
Orígenes históricos de los programas-dei. Las políticas de diversidad y equidad en USA se originan
en la lucha contra la discriminación racial y de género, que tomó fuerza a
mediados del siglo XX: la Ley de Derechos Civiles (1964) prohibió la
discriminación en el empleo y la educación por motivos de raza, religión, sexo
o nacionalidad; la orden ejecutiva Acción Afirmativa (1965), durante la presidencia
de Lyndon B. Johnson, exigía a las instituciones gubernamentales y contratistas
federales garantizar la inclusión de minorías en la educación y el empleo; los
años 70 y 80 expandieron las políticas de igualdad en universidades y empresas,
implementando programas de diversidad y cuotas para grupos históricamente
excluidos.
Entonces, las políticas de equidad no
surgieron como un ataque al mérito, sino como un intento de corrección de
desigualdades sistémicas. El trabajo no es igual para todos y, por lo tanto, es
necesario implementar mecanismos que nivelen las oportunidades. Por eso tiene
resistencia en los sectores que se benefician de la desigualdad. Por ejemplo, sectores
conservadores argumentaron que la Acción Afirmativa promovía una “discriminación
inversa” contra la población blanca-masculina.
Expansión de los programas-dei. La diversificación de las sociedades transformó las
políticas de equidad: 1.- en el siglo XXI, la idea de inclusión se
amplió para incluir a mujeres, personas LGBTQ+, y otros grupos históricamente
marginados; 2.- el movimiento contra el acoso sexual (#MeToo, 2017) impulsó
cambios en políticas laborales, reforzando la importancia de la equidad de
género en el trabajo; 3.- la brutalidad policial contra minorías raciales suscitó
la protesta contra el racismo estructural (por ejemplo, tras la muerte de
George Floyd, 2020), lo que llevó a muchas empresas e instituciones a adoptar
programas más penetrantes de inclusión; 4.- el presidente Joe Biden firmó
varias órdenes (2021-2023) para fortalecer tales políticas en el gobierno
federal, incluyendo incentivos para contratar minorías y fortalecer la
diversidad en instituciones públicas.
La reacción conservadora. El movimiento “antiwoke”, promovido
por figuras de la derecha conservadora en USA, le da fuerza al rechazo a las
políticas de diversidad, que no es nuevo. Ese movimiento se transformó en un
símbolo de lo que los conservadores ven como excesos progresistas: durante su
primer mandato, Trump hizo una ofensiva contra los programas-dei: restringió programas de
capacitación en diversidad dentro del gobierno y desmanteló políticas de Acción
Afirmativa; en 2020, firmó una orden ejecutiva que prohibía capacitación sobre
racismo sistémico en agencias federales, argumentando que promovía la “culpa
racial” entre blancos; en Florida, el gobernador Ron DeSantis promovió una ley
que restringía la enseñanza de conceptos relacionados con racismo sistémico y
equidad en escuelas y universidades (Ley “Stop WOKE”, 2022).
Impacto político y polarización. La controversia sobre DEI refleja
la profunda polarización política en USA: de un lado, los republicanos piensan
que los programas-dei han llevado
a una discriminación inversa; y, en consecuencia, se deben eliminar las cuotas
raciales y de género para favorecer el mérito individual. De otro lado, algunos
demócratas piensan que, sin medidas de equidad, la discriminación estructural
seguirá perpetuando desigualdades históricas.
Retroceso en derechos civiles. Eliminar los programas-dei es un retroceso en los avances
logrados en los últimos 60 años: 1.- sin programas de equidad, los grupos
históricamente excluidos perderán acceso a empleos y a educación superior; 2.- la
falta de diversidad en espacios sociales refuerza —normaliza— la discriminación
estructural; 3.- el abandono de los programas-dei
en USA “autoriza” a otros gobiernos de derecha a seguir el mismo camino,
debilitando los derechos humanos a escala internacional. La eliminación de tales
políticas no restaurará una supuesta meritocracia, sino que reforzará barreras
históricas.
Implicaciones
Las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) han
sido fundamentales para promover la igualdad de oportunidades en el ámbito
laboral, educativo y gubernamental en USA. Veamos algunos efectos de su
supresión.
Impacto en la representación de
minorías y la inclusión social. Los programas-dei
buscaban garantizar que grupos históricamente excluidos (mujeres,
afroamericanos, latinos, asiáticos, personas LGBTQ+, personas con discapacidad)
tuvieran acceso a oportunidades laborales y educativas. Al eliminarlas 1.- menos
personas de las minorías llegarán a cargos de poder; sin embargo, según datos
del Harvard Business Review (2023), las empresas se benefician (en un 36%) cuando
su liderazgo incluye la diversidad; 2.- disminuirá el acceso a la educación
superior para minorías, afectando su movilidad social, profundizando la brecha;
3.- sin mecanismos para detectar y corregir sesgos, el reclutamiento laboral
favorecerá a grupos dominantes; según la Equal Employment Opportunity
Commission, las contrataciones sin criterios de diversidad tienden a perpetuar
la homogeneidad racial y de género.
Repercusiones en el sector empresarial y la economía. Posición de las empresas frente a los
programas-dei: de un lado, las que
los eliminan (McDonald’s, Instagram, ExxonMobil) argumentan presión política, alineación con el gobierno, evasión de
sanciones, pérdida
de contratos federales, evitación de controversias legales o de conflictos
internos; de otro lado, las que los mantienen (Apple, Uber y Costco) argumentan
que implementar la diversidad impulsa la innovación, la creatividad y la rentabilidad…
queda claro que no se considera como algo esencial a las relaciones humanas,
sino como algo que depende del interés económico.
Estudios recientes revelan los beneficios económicos de la
diversidad: 1.- mayor innovación: empresas diversas tienen un 19% más de
ingresos por innovación (Boston Consulting Group, 2020); 2.- mejor desempeño
financiero: empresas con alta diversidad en la junta directiva obtienen un 25%
más de rentabilidad (McKinsey, 2022); 3.- mayor acceso a mercados globales: la
diversidad permite conectar con distintos segmentos de consumidores.
Consecuencias en el mercado laboral y la competencia
profesional. Eliminar
los programas-dei también tiene
implicaciones directas en la fuerza laboral: sin tales programas, las empresas
podrían regresar a patrones de contratación que favorecen a ciertos grupos
sobre otros (en 2022, el 85% de los CEO de Fortune 500 eran hombres blancos); sin
embargo, muchas empresas reportan que los trabajadores valoran ambientes
inclusivos (Según Glassdoor [2023], un 76% de los empleados prefieren trabajar
en empresas que promueven la diversidad). Y, a otro nivel, las empresas
estadounidenses que operan en mercados globales pueden enfrentar críticas y
dificultades si eliminan programas de equidad.
Impacto en la opinión pública y la polarización social. La noticia menciona que la opinión
pública sobre los programas-dei ha
cambiado. Según Pew Research, en 2023, el 60% de los estadounidenses apoyaban los
programas-dei, pero, en 2024 esa
cifra bajó a 52%; el 75% de los votantes republicanos creen que los programas-dei son innecesarios o dañinos; el 68%
de los demócratas considera que son cruciales para la equidad. La eliminación
de los programas-dei produce mayor
división política y cultural, refuerza la polarización entre quienes lo ven
como un avance y quienes lo consideran una imposición. También puede aumentar el
resentimiento y los conflictos laborales: empleados que han visto los beneficios
de los programas-dei pueden
sentirse frustrados con su eliminación, empresas con diversidad pueden
enfrentar tensiones internas. Más que un simple cambio de políticas, la
eliminación de tales programas es un símbolo de la guerra cultural en USA. La
politización del tema ha llevado a que muchos ciudadanos perciban la diversidad
como una amenaza, no como algo propio de la condición humana.
Posibles escenarios futuros. Dado el giro radical contra los programas-dei, hay cuatro escenarios posibles:
·
Regresión: la eliminación
total de tales programas. Empresas y universidades dejan de aplicar criterios
de equidad; aumenta la brecha salarial y de representación; menor diversidad en
sectores clave como tecnología y ciencia.
·
Adaptación: se
eliminan las políticas gubernamentales, pero algunas empresas siguen aplicando tales
programas con otro nombre; se fortalece la idea del “mérito con equidad”, sin
llamarlos programas-dei.
·
Retorno: reinstauración
de las políticas de equidad, tras un cambio de gobierno.
·
Resistencia:
conquista de los derechos como resultado de luchas de los sectores excluidos, tanto
a escala de los USA, como a escala mundial.
Coda
Es claro que el capitalismo genera exclusión y que esto no es un “defecto” que podría solucionarse con medidas “justas”, pues los modos de producción no se instauran por “justicia”. De ahí que el mantenimiento de las barreras estructurales le convenga a cierto sector de la sociedad, y que la lucha contra esas barreras —que se ha concretado en medidas como los programas-dei— dependa del movimiento que realicen los marginados. El presente gobierno de derecha se siente con fuerza como para eliminar las medidas alcanzadas durante muchos años; ya veremos qué pasa. Pero un gobierno de otro talante (demócrata, por ejemplo), si bien ha sido sensible al problema, no por eso puede eliminar los efectos estructurales del capitalismo.
(1) ENLACE A LA NOTICIA:
Trump desata un tsunami ‘antiwoke’ en Estados Unidos
(2) El término ha sido explotado por el trumpismo y los sectores más conservadores de la política en USA, en varios escenarios: a.- en el político, para descalificar a los "opositores" demócratas; b.- en el cultural, para imponer una agenda fóbica (antifeminismo, antiracismo, antiinmigrantes pobres); c.- en lo mediático, para identificar, mediante una palabra o un eslogan breve, causas y anticausas. Además de desconocer que el sistema político democrático respeta minorías y procura el crecimiento de derechos colectivos e individuales, toda esta andanada es un cordón sanitario neomacartista para que, en plena crisis del imperio y su capitalismo, no surjan alternativas reales a su dominio.