lunes, 22 de julio de 2013

¿De qué se ocupa la Edu-comunicación?

¿Se trata de un campo profesional o de un campo disciplinar? Cotidianamente, parece que todos supiéramos qué significa, pero cuando se explicita el objeto de reflexión, se encuentran objetos muy distintos. La educomunicación  se puede reducir a las tres variantes siguientes: 

-         Comunicación educativa. Por un lado, medios educativos que buscan cumplir el fin instruccional de la escuela; por otro lado, la comunicación escolar, en sus dos variantes: didáctica (características comunicativas de la enseñanza, los textos y los materiales didácticos), cuyo centro de atención sería la codificación; y pedagógica, (procesos de comunicación en la vida institucional), cuyo centro de atención sería la interacción.

-         Educación mediática. Manera como los medios, en tanto instituciones, cumplen funciones enculturizadoras, a través de una oferta ‘no educativa’ (informativa, publicitaria y de entretenimiento). Se centra en las características comunicacionales, es decir, en los códigos y narrativas de la oferta mediática, y no sólo en sus contenidos.

-         Investigación-producción pedagógica. Prototipos de productos mediáticos que permitan difundir la investigación y aplicarla, especialmente con fines pedagógicos y didácticos. 

Como se ve, excepto la Comunicación educativa, en su versión de medios educativos, las demás denominaciones son provisionales o están por construir. La Educomunicación se piensa como un asunto de medios, tecnologías, escuela y políticas, y no como un asunto de pedagogía, didáctica y comunicología; se piensa como práctica e, incluso, como técnica, y no como teoría. En suma, parece más un campo profesional que un campo disciplinar.


1.      Educación y comunicación como condición antropológico-cultural 


Durante la segunda mitad del siglo XX, en educación y pedagogía se produjeron enfoques teóricos y metodológicos que pugnaban con el conductismo (culturalismo vygotskyano, constructivismo piagetiano); en cambio, en el campo de la comunicación hubo que esperar hasta el fin del siglo para enfrentar el funcionalismo y la teoría de los efectos: las teorías de matrices culturales como mediación fundamental y de los medios a las mediaciones (Martín-Barbero).
Pese al pretendido giro culturalista en los estudios de comunicación, no se ha desplazado la atención de los medios y las tecnologías a la cultura, ni de los recursos didácticos a los procesos de pensamiento. Los culturalistas no asumen las consecuencias de su punto de vista, por ejemplo, la de que no hay nada humano fuera de la cultura, incluyendo la tecnología. Por eso, constantemente sus análisis hacen concesiones extraculturales (con preguntas como: ¿cuáles son las nuevas formas de pensamiento que están produciendo las nuevas tecnologías?) y gran parte de los trabajos se refieren al uso de los medios y las tecnologías en procesos educativos formales e informales. En los “problemas” donde la Educomunicación ve rupturas, se pueden mostrar continuidades  (y viceversa); se pueden ver oscilaciones entre racionalidades (matrices culturales) y no superaciones: la expresivo-simbólica popular y la informativa-instrumental… que, en educación, se expresan en los pensamientos narrativo y paradigmático (Bruner). De estas matrices se derivan, respectivamente, las que en la jerga académica conocemos como culturas populares y cultura occidental.
Las culturas son formas de codificar el mundo (el pensamiento sobre el mundo). En tal sentido, como código, se puede sintetizar en una correspondencia sintáctico-semántica: 

Código
Función semiótica
Mensaje
Sintáctica
Semántica
Expresión
Contenido
Sustancia
Forma
Forma
Sustancia
Texto
Figurativa/Abstracta
Figurativa/Abstracta
Discurso

Según el esquema, entre el texto y el discurso, median las formas, tanto de la expresión como del contenido; esto es, las reglas que permiten dar significado a esa expresión material llamada texto. Las formas son el secreto de la codificación y, por tanto, el núcleo de la cultura; son la parte no evidente pero generativa de la comunicación, mientras que los textos y los discursos son evidentes, pero generados por las formas. Así, las culturas se definen y se diferencian más bien según las siguientes características: 

Culturas
Expresivo-simbólica popular
Informativa-instrumental
Código
Figurativas
Abstractas
Discursividad
Narrativas
Argumentativas
Texto/reglas
Textualizadas
Gramaticalizadas
Texto precede a reglas
Texto precedido por reglas
Reproducción
Aprendizaje
Enseñanza
Aprendizaje
Espontáneo
Estudio y reflexión

 La Educomunicación pretende transponer una cultura en otra, siendo que las culturas serían comparables, pero no conmensurables; no hay equivalentes sintáctico-semánticos entre unas y otras; por tanto, toda transposición resulta espuria: una cultura abstracta no se puede aprender, ni se puede transmitir por medios figurativos; una cultura argumentativa no se puede aprender ni se puede transmitir de manera narrativa; una cultura gramaticalizada no se puede aprender ni se puede transmitir de manera textualizada; la transmisión de una cultura gramaticalizada no puede prescindir de la enseñanza; y, finalmente, el aprendizaje de una cultura gramaticalizada no puede prescindir del estudio y la reflexión.
Así, los culturalistas incurrirían en los siguientes extravíos: 

1.      Según el extravío digitalista, habría culturas digitales y culturas analógicas. Pero no: toda comunicación humana es digital, pues la lengua se basa en unidades discretas, no significativas (fonemas), y en reglas combinatorias (sintaxis), que permiten construir —con la mediación de la cultura— las unidades significativas (contenidos). La comunicación animal sí es analógica: tiene respuestas genéticas y, por tanto, no diferidas, no mediadas, no mediatizadas. Así, las culturas no se definen ni se diferencian por la técnica. La tecnología digital electrónica es producto de una cultura en particular; y, al mismo tiempo, toda cultura es, en principio, susceptible de tecnificar por medios digitales o analógicos.

2.      Según el extravío virtualista, habría culturas materiales y culturas virtuales. Pero no: la ‘virtualización’ es una forma de tecnificación consistente en la digitalización electrónica. Por tanto, la virtualización es una técnica, no una cultura. En rigor, todas las culturas, como sistemas sintáctico-semánticos, son virtuales; es decir, tienen en potencia (virtualmente) la capacidad de producir todos los posibles casos (actualizaciones), pero el conjunto de los casos no es igual a las posibilidades.

3.      Según el extravío institucionalista, habría culturas escolares y mediáticas. Pero no: estas denominaciones son producto del Estado-nación y del Capitalismo, de lo que llamamos esfera pública y modernidad, no le pertenecen específicamente a la cultura.

4.      Según el extravío economicista, habría culturas comerciales y educativas. Pero no: toda cultura puede ser comercializada si tiene demanda; y toda cultura educa, pues encultura a sus miembros.

5.      Según el extravío sociologista, habría culturas de élite y culturas populares, femeninas y masculinas, propias y ajenas; blancas y negras o indígenas, criollas y españolas, del norte y del sur, juveniles y adultas… Pero no: en principio, nadie está incapacitado para ninguna cultura. 

En consecuencia, cualquier cultura puede ser apropiada por cualquier sujeto o grupo social; institucionalizada por cualquier sociedad o Estado; comercializada en cualquier mercado, en cuanto haya consumidores competentes; fijada, almacenada, transmitida, difundida y reproducida por medio de cualquier tecnología (analógica o digital); y por supuesto, cualquier cultura educa. Ahora bien, nada de esto impide que haya correspondencias entre grupos sociales y preferencias culturales, pero por efectos de la estructura social y no de la especificidad de la cultura.

2.      De la educomunicación a la educomunicología 


Tres obstáculos para pensar educomunicología, en vez de educomunicación: 

1.      La dicotomía filogénesis/ontogénesis. Si bien el hombre también garantiza su supervivencia a través del principio de diferenciación individual, ésta no explica suficientemente la vida humana: entre el individuo y la especie se erige, como principio de organización y supervivencia, la etnia, con su lengua particular.

2.      La semiología. Como ciencia general de los signos, iguala la lengua natural con los demás sistemas de representación creados por el hombre, como si éstos no dependieran de aquélla y como si la lengua fuera un artefacto más.

3.      Oralidad y escritura como tecnologías de la palabra. Si bien la escritura puede ser una tecnología (aunque la cultura alfabética es una forma de pensar), la oralidad es condición antropológica básica. La equiparación mencionada confunde la lengua oral con un medio, como instrumento de comunicación, en la misma medida que otros recursos técnicos (o al revés: considera otros sistemas de representación como lenguaje, como condición antropológica). 

El lenguaje le da al animal humano la característica de la etnización, de la cual se desprenden la desespeciación, la desespecialización. La etnización es el paso del agrupamiento animal al vínculo humano. En consecuencia, es un proceso de desespeciación: la vida humana deja de estar regida genéticamente y comienza a estar regida culturalmente. Esta ruptura es inédita. Con ella se inicia la tragedia humana: la búsqueda del sentido. Pero también implica la desespecialización: nacer ignorantes, tener que aprender todos los comportamientos socialmente útiles y aceptables, que ya no vienen en la sangre sino en la cultura, en la lengua.
La especie humana se educa en valores y conocimientos (convencionales), asuntos que no existen fuera del lenguaje. Mito y lenguaje son la especialidad de la especie humana. Ambos constituyen la cultura y son el nacimiento de la educación y la comunicación. Kant divide la educación en tres: cuidar, disciplinar e instruir. El cuidado tiene que ver con la ontogénesis: como el individuo nace incompleto, necesita cuidado; el disciplinamiento es etnogenético, pues el individuo tiene que aprender los valores y comportamientos; y la instrucción también es etnogenética, pues el individuo tiene que aprender los conocimientos.
Entonces, educación y comunicación son las características antropológicas básicas; son los procesos que describen la existencia humana. Según lo dicho, si existe algo como la educomunicación tendría que ser el objeto de la antropología o la etnología, es decir, del estudio de los grupos humanos. Sin embargo, existe el supuesto de que la educación es escuela y la comunicación son medios. Pero escuela y medios son instituciones (organizaciones que cumplen funciones en nombre de toda la sociedad).
Ahora, si de lo que se trata es de dar cuenta de lo que se llama cultura escolar y cultura mediática, como culturas, educativa la primera y de entretenimiento la segunda, ya se dijo que esta clasificación no corresponde al carácter intrínseco de las culturas, que no son excluyentes, que dependen de las competencias del usuario y, por tanto, el hecho de que alguien se entretenga, se informe o se divierta con uno u otro producto cultural es un asunto de su capacidad para consumir determinados productos; saber con qué se informan o se divierten los sujetos sigue siendo, en consecuencia, un objeto de la sociología.
Pero si de lo que se trata en la educomunicación es de las culturas como formas de codificación, entonces aquí sí podemos encontrar unas diferencias que encajan con las diferencias de las culturas que planteamos al principio: una tradición oral-icónica y narrativa, opuesta a una tradición alfabética y paradigmática o argumentativa. Desde el punto de vista de la codificación y de la comunicación, estas tradiciones son inconmensurables:



Todos estos procesos constituyen en rigor procesos educomunicativos y tendrían que ser el objeto, no de la educomunicación, que es el fenómeno, sino de una educomunicología.

[CONTINUARÁ]

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