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sábado, 25 de agosto de 2012

¿Cooptados por una lógica contra la que surgieron?

Vamos a comentar una entrevista a Paolo Fabbri, publicada en UN Periódico No. 156, pág. 22, de junio 10 de 2012 (la versión digital es del día anterior). Está firmada por Carlos Fernando Álvarez C., de Unimedios y se titula “Profesores deben dedicarle tiempo a los videojuegos”.
Al Observatorio Pedagógico de Medios, como es sabido, le interesan las noticias referidas a asuntos educativos, como en este caso, o aquellas que, a nuestro juicio, tienen implicaciones educativas. Y, bueno, allí está el elemento educativo: los profesores; y, además, algo que en el momento inquieta a la educación, por sus supuestos efectos contraproducentes: los videojuegos.
Pero, además, nos interesan las características del artículo, pues no se publica en un diario corriente, sino en el periódico de la Universidad Nacional de Colombia… tipo de medio que tiene sus pretensiones.
 
1. Los mecanismos
En el artículo detectamos una serie de mecanismos propios de cualquier medio… o sea, que no diferencian al medio universitario de los medios masivos de comunicación.
La foto
El UN Periódico no es la excepción: la página donde aparece la entrevista está dominada por la foto de Paolo Fabbri en predios de la Universidad Nacional. El pie de foto dice: “El semiólogo del momento, Paolo Fabbri, estuvo en el seminario Comunicación Contemporánea, TIC e identidades culturales, organizado por el Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura de la UN”.
Además, en el resumen que encabeza la noticia se dice: “De 74 años, siempre sonriente y elegante […]”. La edad, la sonrisa y la elegancia suponemos que son asuntos que pueden importar a los potenciales interesados en la semiología, pero no por eso, sino en la medida en que les interesan —como a todo el mundo— asuntos sobre los que las revistas de farándula saben muy bien cómo informar.
El drama
Con la expresión “el semiólogo del momento”, UN Periódico no se diferencia de otros, pues en el campo intelectual de la semiología no hay “el semiólogo del momento”; hay todo tipo de semiólogos, pero definidos en torno a las pugnas constitutivas del campo, que giran alrededor de la gramática propia de la semiología. En ese sentido, los puede haber a distancias distintas de lo que es estar a la altura del juego que propone la disciplina y de las diferencias en torno a él.
En el mismo sentido va la observación de que Paolo Fabbri es “considerado actualmente el mejor semiólogo del mundo”. Tampoco resulta muy propio de un campo intelectual hablar de “el mejor semiólogo del mundo”; además, “considerado actualmente”… ¿por quién? Porque de hecho es posible que así se lo considere, pero no definitivamente en la disciplina llamada semiología. Los campos de producción simbólica se caracterizan por tener en su seno distintas tendencias que se disputan el control del sentido posible a partir de los productos del campo. De manera que a lo sumo encontraríamos representantes de las tendencias en pugnas, pero no al “mejor”; eso es típico de otro lenguaje, de otros dispositivos donde la dramatización es fundamental: si se es el mejor, o el del momento, eso ya propone una escena que nada tiene que ver con la disciplina: “el del momento”, como la prenda del momento, de moda; “el mejor”, como en las disputas de los reality.
El deber-ser
El nombre del artículo es un gancho que hace honor al arte de poner títulos en la prensa: no querríamos ver ligados a los profesores con los videojuegos y, no obstante, ¡el título los une en la modalidad del deber-ser!
Supuestamente los maestros “deben” dedicarle tiempo a los videojuegos. Pero afrontar la tarea educativa no es un asunto de hacerle caso a todo el que se ocurra proponer un deber-ser para la educación. Y no son pocos los que están dispuestos, incluso gratis, a decir cómo debe ser la educación, pese a tener una idea muy fragmentaria de lo que allí ocurre. Puede reconocerse que no se está en un campo de saber cuando aparece la expresión “deber-ser”. Los físicos no dicen cómo debe ser la materia… intentan decir cómo luce desde sus conceptos; los antropólogos no dicen cómo deben ser las culturas… intentan decir cómo lucen cuando aplican sus categorías; y así para todas las disciplinas. Quien pontifica sobre el objeto no es un investigador, sino un pontífice… independientemente del color de su bandera, de la bondad de sus propósitos, de lo justificado de sus actos. Lo que pasa es que nos confundimos cuando se pontifica usando términos tomados de los campos de producción simbólica.
Nombres que resuenen
Se afirma que Fabbri declaró para el periódico que “Hoy los medios ya no son apocalípticos —como decía su maestro, Umberto Eco—, sino hipercalípticos”. Cuando revisamos la entrevista, comprobamos que el semiólogo italiano no dijo eso: los términos están más bien en la pregunta que se le hace, como veremos más adelante. Pero tal vez sea una doble mentira piadosa (pues Eco tampoco lo dijo) para favorecer el clima que venimos caracterizando, toda vez que la controversia apocalípticos vs. integrados fue magistralmente reseñada por Umberto Eco, a quien se relaciona con tales términos y quien tiene una resonancia mediática pero por razones más mundanas: El nombre de la rosa fue un best seller y sobre ella se hizo una película; además, es columnista de prestigiosos medios internacionales.

 
La actualidad
La mayoría de las preguntas está marcada por ese recurso tradicional del periodismo: la actualidad, en la modalidad de lo que está circulando, es decir, más de lo mismo para consolidar una idea a punta de repetición, hasta que la gente diga: “cuando el río suena…”. De ahí que le pregunten a Fabbri: “¿Cómo califica hoy a los medios de comunicación y de las telecomunicaciones, que configuran un mundo cada vez más pequeño e interdependiente?”. Quien pregunta quiere brindar a sus lectores una versión de lo que debemos repetir hoy, porque lo dijo alguien “del momento”, “el mejor” en algo; y a propósito de un tema recurrente en el momento: “un mundo cada vez más pequeño e interdependiente”. Pero los investigadores tal vez no se plantean este asunto de esa manera, pues no están impresionados por la superficie de los acontecimientos (que es lo propio de la prensa), sino que están leyendo desde sus conceptos, con lo que la “actualidad” puede tomar el viso de que nada distinto está pasando, pese a las apariencias, o que lo que parece constante, sin “chivas” periodísticas, puede estar portando transformaciones radicales a escala estructural. Tal vez por eso, el italiano no responde la pregunta —cosa de la que el periodista no se entera—, y se pone a hablar de la oposición entre formar e informar.
También en el sentido de la actualidad se le pregunta por Berlusconi; pero él se va rápidamente hacia un asunto cultural —los italianos no han hecho revoluciones, sino contrarrevoluciones— en el marco del cual puede caracterizar el asunto Berlusconi como un producto mediático italiano más, “como la pizza, la Ferrari, o la mafia”.
La primicia
“Lo que acaba de ocurrir” es una de las principales fuentes de las que beben los periodistas. Por supuesto, no todo lo que acaba de ocurrir, de un lado porque es inabarcable (aunque esos noticieros a varias columnas y con dos o tres filas de noticias y de datos pasando en bandas a distintas velocidades… parecen prometer la información de la totalidad); y, de otro, porque la abrumadora mayoría de lo que acaba de ocurrir no le importa a los consumidores de medios, no porque no sea importante, sino porque no tiene impacto en sus expectativas. Es mucho más “urgente” enterarse de lo que dicen dos ex-empleados de Shakira, a enterarse de los falsos positivos.
La pregunta en este sentido es que ahora las primicias las pueden tener las redes sociales: “Facebook informó primero al mundo, incluso antes que CNN, la primicia del terremoto de Haití”. Los medios sienten esto como amenaza: “¿Hoy las redes empoderaron al ciudadano de a pie para informar? ¿Se rompió el paradigma?”. Acá tampoco el semiólogo contestó, pues postula otra oposición: poner en la red y construir en la red.
Más adelante se insiste sobre el punto: revueltas y atentados apoyados en internet. Y, de nuevo el semiólogo apunta en su dirección con una tercera oposición de conceptos.
El asunto personal
La entrevista no puede dejar de tocar algo personal del entrevistado, con lo que, además, a veces se luce el entrevistador por la extensión de sus “conocimientos”… chismes, en realidad. En este caso, se trata de la supuesta identidad entre Fabbri y el personaje Paolo de Rimini en El nombre de la rosa de Umberto Eco. El semiólogo responde con otra historia, de primera mano (dada su relación con Eco), que lo liga más bien con Baudolino. Sin escuchar la respuesta, se le pregunta por el tránsito de la pluma de ganso en la cartuja —Rimini— al internet.
Hablar de oídas
El periodista afirma que Umberto Eco tildó de “apocalípticos” a los medios y pregunta si seguimos con esa tendencia. Con esto, el periodista da pruebas de que habla de oídas: ni Eco ni nadie ha dicho que los medios sean apocalípticos. La discusión era sobre la postura frente a los medios, entre dos extremos: algo espantoso a lo que había que oponerse, o algo indefectible a lo que había que integrarse.
 
2. La postura del investigador
Es necesaria la investigación seria, dice Fabbri. Una muestra del sentido de esa preocupación:
Sistemas de oposiciones
Fabbri no contesta varias de las preguntas y, en lugar de eso, propone sistemas de oposiciones de conceptos para poder pensar los asuntos:
-         formar vs. informar: la información es asunto de cantidad y velocidad, sin espacio; la formación es lo contrario: contacto personal duradero en un espacio estrecho. Son irreductibles una a la otra.
-         poner el mundo en la red vs. construir el mundo en la red: la globalización técnica convive con un provincianismo étnico; la globalización de la tecnología no globaliza los valores. Un mundo que utiliza la red no es lo mismo que construir una sociedad en la red.
-         ideología vs. axiología: los materiales de la web se presentan como "idóneos", como "opinión calificada", en función de la cantidad de gente que lo repite; pero la autoridad de un enunciado no es estadística. La red multiplica, pero no produce criterios de selección. Hoy se escribe más y más en la computadora, pero se escribe mal, dice Fabbri.
Sensible vs. inteligible
Fabbri reconoce de pasada lo sensible (la evidente diferencia entre la pluma y el internet), pero se centra en lo inteligible: los viejos medios no sucumbieron ante los nuevos, como si el asunto fuera tecnológico. Sólo desde la caracterización de lo que le interesa al semiólogo, se puede plantear que están integrados en los nuevos.
Lo evidente, lo que se repite (y así se le pregunta) es que hoy el analfabetismo se desplaza de la escritura a los medios. Para él lo importante no es eso, visible, sino algo inferible: la hibridación de los medios. De ahí es de donde —tal vez irónicamente— Fabbri se le ocurre decir: “Creo que hoy es necesario que los profesores empiecen a pasar sus vacaciones jugando videojuegos […]. Así, podrán aprender a hacer montajes de imágenes, música, escritura y audio, tal como los hacen los jóvenes que son aventajados”. No dice cuál es la importancia de la hibridación, pero tal vez piensa en que la lógica de la que vienen los profesores no es esa y que vale la pena estar advertidos.
Crear categorías
En oposición a la idea de “apocalipsis” frente a los medios (que hacía pareja con la de “integración”), el semiólogo italiano propone un neologismo: hipercalipsis. En lugar de una sola revelación, de un centro, de una destrucción general (apocalipsis), en la hipercalipsis habría “un orden con actores miopes, que generan equilibrios provisorios y transformaciones locales. Es fragmentario”. Allí inscribe el tema del secreto sobre el que está trabajando (si hemos de dar fe al entrevistador): siguiendo al estadounidense Peter Galison —para quien hay más secretos científicos que descubrimientos científicos— hoy hay un juego complejo entre esconder, disfrazar y revelar.
 
3. Para terminar: los periódicos un universitarios
Surgieron como una alternativa a la pobreza de la prensa tradicional que, en términos generales podríamos decir que se sostiene por la demanda —lo cual refrenda y patrocina la publicidad— y no por la oferta. Sin ataduras de tipo publicitario, esa franja del periodismo parecía inspirarse solamente en la oferta de contenidos respaldada por el nombre de la universidad a la que pertenece el medio. Pero las cosas no son tan elementales. Los periódicos universitarios también fueron presa de las veleidades de sus integrantes y de los sistemas de control que determinan sus pugnas internas. Además, un buen periódico sin lectores da lo mismo que nada y, en consecuencia, también estos medios tuvieron que empezar a pensar en el rating: ¿cómo ganar lectores? Y bueno, eso equivale a cómo quitarle lectores a los grandes medios —así sea momentáneamente—. Esa pregunta se responde respondiendo otra: ¿qué le gusta a los lectores? Y aquí es donde no importa el tamaño del periódico ni su adscripción: hay que ganarse a un público preformado… formado con antelación por esos mismos medios, que les dieron de todo lo que se suponía que le gustaba al público, para después decir que al público le gusta lo que ha oído mentar tantas veces (es como los exámenes del ICFES: dicen medir lo que pasa en la educación… pero lo que pasa en la educación está determinado en gran medida por lo que miden los exámenes del ICFES). Los medios universitarios tuvieron que recurrir, si no a los “expertos” en hablar como la gente quiere oír, al menos a los mecanismos respectivos.

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